Sobre repeticiones y derrotas

Tengo la impresión de que siempre escribo sobre lo mismo, de que siempre acuden a mí las mismas estructuras gramaticales, las mismas palabras, el mismo contenido. Y lo maquillo, le añado sinónimos robados y enfoques rebuscados pero siempre es lo mismo. Siempre soy yo quejándome de la falta de tiempo que me impide poder expandirme, crecer, progresar, evolucionar. Ser yo pero explorando los límites de ese concepto. Porque si todo sigue igual, ¿cómo voy a escribir distinto?

Conozco mis pensamientos y mis frases, el armazón y los andamios que sostienen la idea de mi identidad, pero es la mía, mi posición como centro absoluto de mi universo que, sin embargo, no gira a mi alrededor. Yo bailo al son de unos compases de los que no puedo escapar porque las alternativas son erial e incertidumbre. Y aunque los grandes medios audiovisuales no cejen en su empeño de generar contenido esperanzador, cuando uno se hace mayor la esperanza se queda atrapada en el televisor, viva y reluciente, a la espera de que la jornada te vomite exhausto en el sofá para disfrutar de la fantasía enlatada de un mundo en el que los buenos y los malos tienen roles marcados, los finales son felices y los sueños cumplidos sólo dependen de apretar los dientes y escuchar una canción animada. Felices con perdices y horizontes nuevos reflectados en las pupilas. ¡Menuda estafa!

Pero no sé, quizá el tamaño de este planeta es directamente proporcional al tamaño de mi bolsillo y el tiempo sólo existe como moneda de cambio. Un espacio chiquitín para vivir decía el genio de la lámpara, pero lo que no decía era que el alquiler de ese pequeño lugar es exorbitante y se paga a millón de minutos por metro cuadrado. Un mundo tras unos barrotes que no me puedo permitir cruzar. ¿Suena demasiado depresivo? Puede parecer que escribo rodeado de ginebra, barbitúricos y blues pero nunca me he considerado una persona con el ánimo derrotado. Porque se puede ser feliz en la derrota. El capitalismo en un gran juego de mesa y yo soy un peón anodino en un tablero exuberante y hermoso, acepto cuales son las casillas que puedo pisar y no me duele tanto como piensas no poder deslizarme como un alfil hacia los extremos distantes. Sé que no estoy ganando pero, aún así, juro que sonrío con autenticidad porque existen razones para ello y no son pocas. Lo interesante del pensamiento es que una pena no invalida una alegría. Se puede ser feliz aunque recuerdes todo lo que no tienes. Y, por cierto, con tener no me refiero a objetos. Creo que la madurez te golpea de pronto al descubrir que lo más importante del mundo son las experiencias y las personas. Pero ambas requieren que las agujas del reloj sean generosas o, al menos, permisivas.

Pienso que funciono como un robot y que las 24 horas del día voy a tener energía y ganas de ser productivo. Me pongo metas que no voy a cumplir (muchas) y (¡sorpresa!) no las cumplo. Me frustro por ello. El infinito está servido.

La vergüenza de lo que he dejado inconcluso y un papel en blanco juzgándome; como si conmigo mismo no fuera suficiente.

 

Anuncios

Sobre fiestas primaverales y otras multitudes

Hubo un tiempo en que me lo pasaba genial en mitad de ese barullo y en el que ser parte de la primaveral muchedumbre alcoholizada era todo un acontecimiento, un acontecimiento irresistible de hecho. Pero ahora me parece un coñazo supino y me da repelús ver la procesión de bolsas del Mercadona que serpentea hacia el botellódromo.

Me sigue gustando salir de fiesta, así que lo más probable es que el motivo de mi alergia a la fiesta de la primavera no sea por causa de la treintena que me acecha, sino por la veintena (la decena si me apuras) que reina en el 90% de los asistentes. De eso me di cuenta el último año que fui: empecé a mirar a mi alrededor y a ver fauna de guardería ebria. Y yo allí sintiéndome un topo de la policía secreta, como diría una que yo me sé, empecé a dejar de verle encanto al asunto.

Porque claro, la única gracia que tiene estar en el redil es socializar con las ovejas, pero cuando les sacas unos 8-10 años a la media de edad del rebaño, te conviertes en el pastor y reparas en pequeños detalles que antes pasabas por alto, como el olor a orina y vómito, el suelo pegajoso, los cristales rotos y la masa humana desvariando más de la cuenta. Donde antes resonaba un “subidón, subidóóóón”, ahora resuena un “uuuf, quiero irme a casa”.

Por eso, querida Fiesta de la Primavera, estamos mejor separados: yo te aburro, tú me provocas vergüenza ajena y esto no va a llegar a ninguna parte. Fue divertido mientras duró; buena suerte y hasta nunca.


Recupero un texto de hace tiempo. La página donde lo subí ya no existe, ni tampoco existe el botellódromo y juraría que tampoco la fiesta de la primavera (entendida como un botellón masivo). Hoy en día podría escribir algo similar sobre salir de discotecas hasta las tantas y el desagrado que me provocan las salas oscuras, atiborradas de gente emperifollada, la música a todo volumen que te obliga a comunicarte como el camión del tapicero y gastar un pastizal en unos brebajes que te provocan tormento cerebral mañanero. Pero bueno, lo dejo para otro día porque es domingo y el vagueo me reclama.

matthew-henry-58760-unsplash
Photo by Matthew Henry on Unsplash

 

Sobre lo que se ha de hacer

Levántate temprano, antes de desayunar medita durante 10 minutos. Respira, inspira. Una respiración profunda y diafragmática. ¡No te olvides de usar el diafragma! Pon la mano en tu estómago y nota como se hincha el abdomen. Si es el pecho lo que se ensancha, lo estás haciendo mal. ¿No querrás hacerlo mal? Sé eficiente, sé eficaz, sé tu mejor versión.

Cuando termines de meditar, te toca escribir, dar las gracias, empezar el día con energía positiva. ¡No seas negativo! Anota lo bueno en un papel, escríbelo a mano para estimular el Sistema de Activación Reticular. ¿Has terminado ya?  ¡Sigamos!

Tómate un café con leche y sin azúcar. ¿Compraste leche vegetal? No se te ocurra usar leche de vaca en tu café. ¡No seas bárbaro! ¿No te he repetido mil veces que los humanos son los únicos animales que continúan bebiendo leche tras la lactancia? Evita la leche y sus derivados a toda costa. ¿Cómo que los humanos también son los únicos animales que fabrican microondas? ¡No me repliques y no me hagas hablar de ese electrodoméstico cancerígeno! No pierdas el tiempo, debes continuar con la rutina. ¡Avanza! ¡Siguiente paso!

Ya has entrenado tu mente; es el turno del cuerpo. Músculos, tendones, articulaciones. Tu cuerpo, tu templo. La grasa no es aceptable, es de débiles, de gente que no se mima, que no se quiere a sí misma. Sé eficaz, sé eficiente, sé tu mejor versión.

Corre 30 minutos, ¿qué distancia has recorrido? ¿cuántos pasos? ¿qué sentencia tu pulsera inteligente? Ah, y que no me entere de que no has estirado. ¡Necesitas estirar! No eres una alcayata, la flexibilidad es tu aliada contra las lesiones. ¡Estira!

¿Eso que veo es una lista de reproducción de Spotify? ¡No! Escucha las noticias, ¿cuál es la última catástrofe que amenaza con colapsar el país? ¡Debes estar al día de la actualidad! Pero recuerda que detectar los sesgos es tu obligación de ciudadano responsable. ¡Investiga! Escucha, lee y contrasta en medios de información con ideologías opuestas, continúa, sigue, vamos. ¿Has sacado tu propia conclusión? ¿No estarás atrapado en la posverdad? ¡Twittea sobre ello! Revisa tu timeline. ¿No pensarás ir por la vida descuidando tu marca personal en RRSS? ¡¿Es que nadie va a pensar en el branding? ¡Tú sí! Tú eres eficaz, eficiente, tu mejor versión.

Ahora a la ducha, ¡rápido! Una ducha fría, las duchas de agua fría reactivan el sistema nervioso, mejoran la circulación. Las duchas de agua caliente son para cenutrios ineficaces, ineficientes y perdedores..

Ha llegado uno de los momentos más importantes de la mañana. ¡Dirígete hacia tu armario! Elige la ropa con cuidado, el estilismo es fundamental, ¿qué imagen quieres mostrar al mundo? Tu look dice mucho de ti, es tu carta de presentación, al igual que tu piel. Pero de tu piel ya te has encargado, ¿o no? Creo que ya recapacitaste sobre lo crucial que es una piel hidratada y ya habrás exfoliado tu cutis, limpiado los poros (los poros no respiran diafragmáticamente, pero respiran). Ya te has aplicado la crema de día con un toque de protección solar y anoche te aplicaste cuidadosamente la loción reafirmante para evitar bolsas y ojeras, usando el dedo anular  para no ejercer presión sobre la frágil piel del contorno de ojos, con movimientos circulares en sentido contrario a las agujas del reloj. Lo hiciste, ¿verdad? ¡No me decepciones!

Zapatos limpios y estilosos, pantalones y camisa planchados. La ropa combina. ¡Bien hecho, tigre! Ahora sal a comerte el mundo. Abre la puerta, saluda al vecino, sé amable, camina erguido y no te olvides de apretar el culo de vez en cuando. ¡No me mires así! Ya lo hemos hablando mil veces. Ejercitar la zona perineal es imprescindible para evitar problemas de incontinencia urinaria en el futuro. Aprieta los glúteos y fortalece el suelo pélvico. Aprieta el culo y sonríele al vecino.

En el trabajo sé asertivo, gestiona bien tu tiempo, cumple plazos, innova, diferénciate del resto. No quieres ser uno más, ¿verdad? Prescindible, una simple herramienta. ¡No! Si vas a ser un objeto sé una bisagra y que las cosas no se muevan sin ti. Pero aprende a delegar, juega en equipo, sé cercano pero no caigas en el colegueo, sé profesional, busca nuevas metas, no te conformes, ¿estás ganando lo suficiente? ¿cómo es tu horario? ¿No te has leído la jornada laboral de no sé cuantas horas? ¿Estás usando el método GTD? No me decepciones. Sé eficiente, sé eficaz, sé tu mejor versión.

Hablemos de comida.  5 comidas al día, proteínas, hidratos, vitaminas, grasas, huye de los procesados, sólo comida real sólo #realfood para ser un auténtico #realfooder. Eres lo que comes, así que no comas mierdas. ¡Bebe agua! Mucha, dos litros, siempre que tengas sed y nada de alcohol ni de zumos. ¡Los zumos son azúcar líquido! Bebe agua, infusiones, té y café, pero si bebes café o té, corre a lavarte los dientes antes de que se te manche el esmalte. ¿No pensarás sonreír sin una sonrisa blanca y radiante?

La nutrición es un gran tetris y debes encajar todas las piezas de la forma correcta, de la forma equilibrada. ¡Ya sabes cómo hacerlo! No actúes como si no siguieras al nutrinfluencer, como si no hubieras leído su libro ni visto sus stories. ¿A qué estás jugando? No me decepciones. La alimentación es primordial, la alimentación lo es todo. Respira, mastica, saborea cada bocado, bebe agua. ¿Cuantos litros has de beber? ¡Repítelo más fuerte que no te oigo! ¿2 litros? Muy bien. Así me gusta, que te mimes. Porque una persona que se mima no se hubiera comido el donut que tenías en la mano el otro día. ¿Me equivoco? De haberlo engullido con ansia y deleite deberías sentirte muy mal. ¡Fatal! ¿Estás arrepentido? ¿Dirías “lo siento, no volverá a ocurrir”? Podrías decirlo, sí, pero no sería suficiente. ¡Tira para el Crossfit!

Quema calorías, respeta tu cuerpo, entrénate, progresa, supérate cada día, levanta más peso, salta más alto. No gain, no pain.

¿Estás visitando a tus padres? ¿Estás activo en el grupo de Whatsapp de la familia? ¿Estás cuidando tu vida social? Unas tapas con los amigos, la peña de fútbol, una escapada rural, una reunión de antiguos alumnos. Forma parte de algo, cultiva tus relaciones con esmero, con eficiencia, con eficacia y con dedicación

Y no te olvides de leer, lee mucho. ¡No! Ese libro no, este otro, ese del que todo el mundo habla ahora, ese otro fue la sensación editorial de la semana pasada, ¿no subiste foto a Instagram? Sí, hombre, junto a esos comentarios sobre la nueva serie que fue la mejor producción audiovisual en décadas durante casi 10 días.  ¡No pierdas el ritmo! El libro de moda, el meme de moda, la bronca de moda, la crisis de moda, la peli de moda

Duerme 8 horas, forma una familia, cómprate una casa bonita, ordena tu vida con Marie Kondo, gestiona tu dinero con el método Kakebo, únete a un club, sé el mejor en tu trabajo, desarrolla tu lado creativo, planta un árbol, ten hijos, sé un activista, lucha por una causa, tira muchas fotos, sal guapo en las fotos, ten “me gusta” en las fotos, haz deporte, dibuja, conduce, no contamines…

¿Qué te pasa? ¡No me pongas esa cara!  ¡Sé eficiente! ¡Sé eficaz! ¡Sé tu mejor versión! Sigue mis instrucciones, la vida es así, eres lo que el mundo espera de ti.


 

Hasta aquí el segundo ejercicio del libro “La epifanía de las 3 A:M”  que consiste en escribir algo usando muchos imperativos.

Sobre Tolkien y las grandes historias

Hace muchos años mi madre puso en mis manos “El Señor de los Anillos”, proclamando que era una lectura que le había encantado y que estaba segura de que causaría el mismo efecto en mí. De hecho, a ella se lo prestaron y, como era buena gente, lo devolvió a su legítima propietaria. Pero tanto le había gustado que quiso tener sus propios ejemplares en casa, así que los compró y se encargó de que entrasen en mi radar.

Yo nunca había leído un libro tan largo, por lo que albergaba mis dudas al respecto. Eso sí, el título me resultaba fascinante y tentador. “¿De qué irá esto?”. Tres libros ante mis ojos, portadas llamativas y ninguna sinopsis en la parte de atrás. ¿Qué querrá contarme este tal señor John Ronald Reuel Tolkien? Sólo había una manera de descubrirlo: abrí “La Comunidad del Anillo” e inicié un viaje que todavía continúa, un viaje que me cambió para siempre. ¡Orcos, enanos, elfos, guerras, magia y peligros en un mundo enorme y fascinante! Mi yo de 13 años no daba crédito a tanta maravilla y mi yo de 35 sólo puede decir: ¡cuánta razón tenías, mamá!

Me siento como un viajero perdido en los bosques de Lothlórien que tuvo la suerte de recibir unos dones misteriosos para afrontar el camino. ¿Qué regalos me fueron concedidos? Se me otorgó una educación que derivó en un amor sincero por las palabras. Por supuesto, gracias al ejemplo y a disponer de libros a mi alcance, ya iba encaminado antes de “El Señor de los anillos, pero entonces llegó Tolkien y se produjo el cambio. Igual que Ulmo puso el anhelo del mar en los corazones de aquellos que caían en la red de sus designios, de la misma forma, mi madre puso en mis manos tres volúmenes que me impactaron profundamente. No exagero al decir que yo sería una persona diferente a la que soy ahora de no haber recorrido los bosques y senderos de la Tierra Media.

Y hoy 25 de marzo, que se celebra el #DíaInternacionalDeLeerATolkien (pues según la cronología, justo hoy fue destruido el Anillo), me gustaría hacer un recorrido fotográfico sobre los libros de, y sobre, Tolkien de mi biblioteca particular. ¿Os unís? ¡Allá vamos!

“El Señor de los Anillos”

 

IMG_20190325_120105

Esta es la edición con la que di mis primeros pasos en las tierras de Tolkien. Me gustaban los colores y los dibujos de las portadas, de la mano del propio autor. Como confesión os contaré que en el “Concilio de Elrond” tuve un momento de saturación de nombres y estuve a punto de abandonar. Obviamente, seguí adelante:) Además, fui recompensado porque mi parte favorita del libro ocurre justo después. Los capítulos que más me gustan, a nivel global, son la triada que viene tras el Concilio: “El Anillo va hacia el sur”,”Un viaje en la oscuridad”y “El puente de Khazad-Dùm”. ¡Qué maravilla! (y qué trauma la primera vez). “Bum, bum. El redoble se apagó”. ¡Gandaaaaaaaaaaaaaaaaaalf!

“El hobbit”

IMG_20190325_110157
“El hobbit”, edición limitada 75 aniversario. ¡Mi tessssoro!

Después de “El Señor de los Anillos” vino “El hobbit”. Recuerdo empezarlo un verano en la playa y el cosquilleo de volver a Gollum, sus acertijos y su misterioso regalo de cumpleaños; recuerdo leer dos veces la conversación entre Smaug y Bilbo (porque me hipnotizaba lo elocuente, petulante y astuto de ese dragón) y también llorar cuando Thorin y Bilbo se despiden.

“Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz”

“Cartas” de la biblioteca Tolkien

Screenshot_2019-03-25-12-29-50-186_com.whatsapp
Una de las joyas de la “Biblioteca Tolkien”

Aprendí mucho sobre Tolkien y su obra a través de “Cartas”, seleccionadas por Humprey Carpenter. Un libro imprescindible para cualquier fan del profesor, por desgracia ahora mismo fuera de catálogo. Imagino que con motivo del estreno del biopic aprovecharán para reeditarlas. Si lo hacen…¡corred, insensatos! Se desvelan muchas capas de la personalidad de Tolkien y se llega a comprender mejor su obra gracias a su correspondencia con seguidores, editores, familia y demás. ¿Qué Frodo es un inútil y que el verdadero héroe es Sam? Cada vez que alguien vilipendia al portador del Anillo (seguramente influido por la trilogía cinematográfica y su momento ridículo de Frodo largando a casa a Sam), Tolkien se revuelve un poco en su romántica sepultura junto a Edith. En sus propias palabras:

“Si relee los pasajes que tratan de Frodo y el Anillo, creo que comprenderá que no sólo le era del todo imposible entregar el Anillo, ya sea de hecho o sólo con tal intención de hacerlo, especialmente en este punto de máximo poder, sino que esta incapacidad se presagiaba desde mucho tiempo atrás. Muy pocos parecen haberlo observado pero siguiendo la lógica de la trama, como acontecimiento era claramente inevitable. Y, sin duda, es un acontecimiento más significativo y real que un mero cuento de hadas que acabara con un héroe indomable. (…) Frodo merecía todo honor porque derramó hasta la última gota de la capacidad de su voluntad y de su cuerpo, y eso fue suficiente para llevarlo al punto destinado y no más allá. Muy pocos, quizá ninguno más de su tiempo, podrían haber llegado tan lejos”.

La vida de J.R.R. Tolkien según los expertos

IMG_20190325_110701
Eduardo Segura y Humprey Carpenter, grandes expertos en J.R.R. Tolkien

Si os interesa el enfoque filológico y el mastodóntico trabajo y amor por las letras que supuso la formación de la Tierra Media como universo mitológico, leed a Eduardo Segura. Y para saber más sobre la persona detrás de ese universo, Humprey Carpenter es una buena elección, tanto por recopilar las “Cartas” como por publicar la biografía. También es muy conocido John Garth (con diversos libros sobre la vida y la obra del profesor) pero todavía tengo pendiente leer algo de su cosecha, por lo que no puedo comentar al respecto.

Es muy revelador leer sobre la experiencia de Tolkien en la primera guerra mundial (eso sí, declaró por activa y por pasiva que “El señor de los Anillos” NO es una alegoría de esa ni de ninguna guerra contemporánea, sino que nació como una una estructura que dotaba de cultura e historia a las lenguas que estaba creando. Primero el élfico y luego los elfos, se podría decir).

Sin embargo, sí que le marcó gravemente, ya que su propia Comunidad (la T.C.B.S.) quedó disuelta en la Gran Guerra tras el fallecimiento de dos de sus cuatro miembros principales, Geoffrey Bache Smith y Robert Gilson. Este último le mandó una carta antes de morir en la que le animaba a seguir creando y de esta forma el espíritu de esa comunidad de artistas siguió latiendo a través de Tolkien. Como detalle curioso, que resalta la importancia de esa alianza artística, su hijo Christopher Tolkien se llama así en honor a Christopher Wiseman, uno de los supervivientes de los cuatro fantásticos del Tea Club Barrovian Society.

“El Silmarillion”

IMG_20190325_112339

“El Silmarillion” llegó a los lectores precisamente gracias a Christopher Tolkien. El hijo del profesor dedicó su vida a recopilar, cuidar, editar y publicar los escritos que su padre dejó desperdigados tras años de entrega. Una tarea titánica que ha llenado las estanterías con numerosos libros. Entre muchas joyas, la más brillante es, como no, la protagonizada por los Silmarils.

Quizá “El Silmarillion” es algo denso y no apto para todos los paladares, pero incluso aquellos que se vean abrumados por su aluvión de nombres y su solemnidad bíblica, harían bien en darle una oportunidad al menos a los capítulos “De Beren y Lúthien”, “De Túrin Turambar” y “De Tuor y la caída de Gondolin”(tres grandes cuentos de la antigua edad que también han sido publicados de forma más extensa e independiente en “Beren y Lúthien”, “Los hijos de Húrin” y “La caída de Gondolin, todos publicados por editorial Minotauro).

La de Beren y Lúthien es una épica historia de amor entre una elfa y un hombre mortal, una aventura oscura y vertiginosa en la que ambos se enfrentan al Bien y al Mal para poder estar juntos. Un amor que debe tener el récord de superar obstáculos pues consigue derrotar a las ideas preconcebidas sobre las relaciones entre personas de procedencia desigual, al Mal en mayúsculas encarnado en el amo y señor de Sauron, el mismísimo Morgoth y, por último, al rival más implacable de todos, la propia Muerte. Además, ese amor literario desprende el aroma de un amor de carne y hueso: el que surgió entre Tolkien y Edith, marido y mujer hasta el final de sus vidas. Y Tolkien creó a Lúthien inspirado por Edith, y tal fue la resonancia en su corazón que en un pequeño cementerio de Oxford, donde reposan los restos de aquellos dos amantes, se puede leer lo siguiente: 

EDITH MARY TOLKIEN

LUTHIEN

1889-1971

JOHN RONALD REUEL TOLKIEN

BEREN

1892-1973

Otros trabajos de Tolkien relacionados (o no) con “El Señor de los Anillos”

IMG_20190325_110424
Otros libros de J.R.R. Tolkien

Entre los libros que nos han llegado gracias a Christopher Tolkien, además de “El Silmarillion”, por supuesto, recomiendo “Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media”. Allí podréis leer cuentos de las Tres Edades y descubrir detalles tales como la conexión existente entre Sauron y…¡Smaug!

“Cuentos desde el Reino Peligroso”incluye relatos ajenos a la Tierra Media y poemas sobre el emblemático Tom Bombadil (ese sujeto sencillo de chaleco azul brillante y zapatos amarillos). Quizá “Egidio, el granjero de Ham” sea mi predilecto; una aventura muy divertida para leer en una butaca cerca de la chimenea y saborear todos los ingredientes de un cuento de hadas con toque Tolkien. El libro acaba con el ensayo “Sobre los cuentos de hadas” que aporta una visión muy aplica y esclarecedora sobre su visión de las historias y el plano creativo.

Ah, ¡y qué decir de “Letters from Father Christmas”. Los hijos de Tolkien recibían cada año una carta suya fingiendo ser Papá Noel; se las curraba tanto que las escribía con diferentes grafías, dibujos y un montón de anécdotas protagonizadas por Santa Claus, un patoso Oso Polar y una panda de goblins problemáticos.

Otros artistas y la Tierra Media

 

Antes de que Peter Jackson pusiera en funcionamiento su universo cinematográfico, la única manera de viajar a la Tierra Media (y a las Tierras Imperecederas) era a través de libros de ilustraciones. Artistas de todo el mundo interpretaban fragmentos de la obra de Tolkien y yo me pasaba las horas muertas recreándome, soñando que ampliaba los limites de sus dibujos y recorría la Comarca o Mordor a todo color.

Guardo especial cariño a “Reinos de Tolkien. Imágenes de la Tierra Media” donde, entre muchos artistas, me impresionaron los dibujos de Alan Lee, John Howe y Ted Nasmith. Por eso me alegré tanto cuando leí (en foros de antaño) que los dos primeros iban a ser parte del equipo de las pelis. Durante años mi fondo de pantalla fue (y lo sigue siendo en el portátil) “Gandalf visita Hobbiton” de John Howe y comprobar su influencia en las primeras fotografías y trailers de “La Comunidad del Anillo” fue muy emocionante.

gandalf visita hobbiton
“Gandalf visita Hobbiton” de John Howe.

Y ya que hablo de las pelis, aprovecho para presumir de libraco, “Middle Earth from Script to Screen”, un regalo para la vista, sin duda, y una adquisición imprescindible para disfrutar del diseño de producción y arte detrás de las seis películas inspiradas en la obra de J.R.R Tolkien.

¿Fin del viaje?

Con esto se acaba mi particular recorrido fotográfico del #DíaInternacionalDeLeerATolkien. Espero que os haya gustado este tributo:) Me gustaría concluir con un  fragmento de “Los Puertos Grises” al que regreso alguna que otra vez cuando estoy triste.

“Pero para Sam la penumbra del atardecer se transformó en oscuridad, mientras seguía allí en el Puerto; y al mirar el agua gris vio sólo una sombra que pronto desapareció en el oeste. Hasta entrada la noche se quedó allí, de pie, sin oír nada más que el suspiro y el murmullo de las olas sobre las playas de la Tierra Media, y aquel sonido le traspasó el corazón”.

Cuando terminé ese capítulo, cuando acabé “El Señor de los Anillos”, comprendí a Sam, aturdido y roto por el sonido de las olas que se llevaban lejos a Frodo, Bilbo, Gandalf y los elfos; y con ellos un pedazo indeleble de su vida.

Duele despedirse de las grandes aventuras (de las grandes personas) que marcan la narrativa de nuestras vidas. Pero descubrí que no hay por qué decir adiós, pues las grandes historias nunca terminan, siguen vivas en nosotros y nos acompañan hasta el final del viaje. Una lección aprendida a través de un profesor de Oxford y de la lectora más entusiasta que he conocido; una lección que me llena el corazón de esperanza, incluso en esos días en los que mis oídos se colman con la triste melodía de un mar imposible de cruzar. Por eso, y por muchas otras cosas: gracias, Tolkien y, especialmente, gracias, mamá.

Sobre recordar cuándo

El corazón late en perfecta sincronía con los pulmones,

mientras una sensación cálida abraza mi cuerpo,

y mis ojos y mis labios se curvan al unísono,

y el reloj se detiene, encantado eternamente.

Porque mis sentidos danzan a la vez, todos, presentes.

Y me desprendo de la cota de malla o quizá eres tú quien me la arranca,

y acabo desnudo pero no vulnerable, porque nada puede hacerme daño, no ahora.

No cuando acaricias mi piel y sostienes mi historia, mi nombre completo en cien mil segundos. Aquí y ahora de nuevo, tú, yo, contigo, nosotros.

Una espiral, un bucle infinito, un “felices para siempre” hasta que la muerte, o la vida, nos separe.

¿Qué llegará primero?

No importa, ya no.

Sólo este instante,

sólo tú, yo, contigo, nosotros…ahora.

Será que ya no soy un crío, será que he cambiado pero intuyo que la felicidad consiste en escribir con tinta consciente cada “cuando” que relampaguea por mi médula.

Cuando estás ahí…

Cuando estoy ahí…

Cuando estamos juntos…

creando los recuerdos que alimentarán nuestra historia mañana.

Y si el futuro extravía nuestro equipaje, no me asusta, no me aferro,

porque la vida es un collage gigantesco e ir añadiendo imágenes es lo único que tengo.

y aprendí, justo a tiempo, que cada lágrima esconde una sonrisa susurrando…

¿recuerdas cuándo?

Sobre enredaderas y vacío

Érase una vez una tarde cualquiera trabajando en unos grandes almacenes. El típico día con mi típico pavo. Alguien comentó algo que me resultó gracioso y  me pasé toda la tarde riéndome al recordarlo. Así de tonto y de simple.

Han pasado muchos años (puede que quince o así) y, por supuesto, me he olvidado de la broma interna en cuestión pero no de algo que pasó durante esa jornada laboral. Y es que un muchacho me preguntó lo que sea, le respondí, se marchó y hasta ahí todo normal. Sin embargo, unos minutos después regresó para decirme que me había reído y quería saber si es que él había hecho algo mal. No me lo dijo de forma cortante ni desagradable. Me cuestionó con vulnerabilidad, quizá, y a mí me pilló descolocado porque había sido una interacción a la que no le había dado importancia, pero a él le provocó una inquietud suficiente para volver a preguntar. ¿Y de qué me reía? No lo sé. ¿De qué pensaba él que me había reído? Tampoco lo sé. Lo que sí sé es que una risa estúpida surgida de cualquier tontería puede hacer que otra persona se monte una película en la que ella es la protagonista. Una risa tonta puede ocasionar que alguien vuelva sobre sus pasos en busca de respuestas. E incluso que alguien escriba sobre ello 15 años después.

Imagino la vida como una gran maraña de hilos y algunas veces nuestras acciones incuban alguna hebra nueva. Otros actos las seccionan con precisión quirúrgica y las hacen caer, y al caer generan vibraciones entre conexiones. Cuerdas, telas de araña, madejas de lana, lo que sea. Ya me entendéis. La idea es la de nosotros en mitad de un caos interrelacionado que vincula a todas las personas que aparecen en nuestro radio de acción. Y todos esos hilos que nos desestabilizan, también nos ayudan a mantener el equilibro porque, de alguna forma, caminamos sobre ellos. Y debajo se precipita el abismo.

Mientras seguimos vivos nos aferramos a esa gran red. Nos sentimos seguros con la firmeza social bajo nuestros pies. Un sistema tan intrincado que incluso es posible morir y seguir influyendo, de un modo u otro, en ecosistemas ajenos. Por supuesto, no ya en el nuestro porque la muerte nos cercena de la enredadera de la existencia (al menos eso creo yo).

Pero también podemos estar vivos y caer al vacío de la locura y la desesperación de aquellos que sienten sus hilos frágiles, escasos, invisibles. De aquellos que no sienten que haya red alguna que los sostenga.

Últimamente pienso mucho en por qué supuso ese muchacho que me estaba riendo de él. Pienso en el daño que hacemos a veces sin darnos cuenta y, en ocasiones, a sabiendas escudados en una cruzada o bajo la pretensión de afrentas y tambores de guerra.

Pienso mucho en las conexiones vitales, en las más intensas, aquellas que nos definen. En la importancia de hacernos notar a los demás, que sepan que existen para nosotros, que no les hemos olvidado y que nos gusta que estén ahí. Que nosotros estamos ahí para ellos.

Y como en mi trabajo trato continuamente con personas, me fascina la certeza de que cientos de veces he interpretado mal alguna risa. Cientos de veces en las que simplemente no tengo la información suficiente para descifrar a los demás y termino deduciendo en base a mi propio autoconcepto. Una idea de mí mismo que, curiosamente, a pesar de ser de mi propiedad, los demás han ayudado a desarrollar. Casi como si nuestro copyright fuera tan colectivo como privado.

Así que, en esta enredadera abrumadora que es la vida,  pienso y espero muchas cosas. Entre mis anhelos me gustaría, en el recuento final (de esta evaluación continua) haber sido lo suficientemente responsable, honesto y valiente para haber hecho más bien que daño; y también haber sido lo suficientemente afortunado (y haber estado lo suficientemente atento) para sostener, un poquito al menos, a aquellos que me mantienen, felizmente, anclado sobre el vacío.

Sobre la diferencia de lo mismo

Tras un alud de disculpas el mes de febrero empieza a recomponerse, lentamente.

Y preparo café con su aroma habitual, intenso y vigoroso, ¿cómo es posible?

Lo saboreo con la mirada ausente en las estanterías del salón, enfrascado en descifrar por qué todo sigue igual,

bajo un sol sin lluvia que roza unas mejillas prácticamente secas.

Leyendo ese libro que tanto te habría gustado, riñiendo a mis dedos por pulsar botones que conectan a un destino sin respuesta, ¿cómo pueden ser tan despistados?

Atravieso la puerta y cruzo un camino de asfalto,

coches, luces, ladrillo y vecinos que me dan los buenos días,

negocios como pavos reales seduciendo bolsillos ajenos,

¿por qué me resulta tan banal?

billetes y bolsas de pan, gracias y, de nuevo, que tenga un buen día.

Y yo reflejo una sonrisa,

igualmente,

vuelvo al camino con las manos llenas, ¿cómo es posible?

Me abrazan personas que hablan de ti,

pero no siempre. Ni yo tampoco.

Te pienso y me callo porque algunas conversaciones han nacido para ser un monólogo que se escucha con la elocuencia abrumada, con voz muda y ojos compasivos.

Lo sé porque he sido ellos otras veces: ¿y qué vas a decir? ¿qué decir?

Pero están y es suficiente,

el temblor no se detiene, pero gracias a ellos el techo no cae, el suelo no cede.

Y yo, como un planeta magullado, me aferro a lo que fui, a lo que fuimos, recuerdos fósiles que se dispersan, sepultados bajo un océano, sin ti.

Lo que pudimos ser se ha extinguido, ha dado paso a nuevos ecosistemas, salvajes, hermosos y fértiles, todo lo que se espera de una vida, todo lo que será y, sin embargo, también todo lo que no.

No, no sé explicarlo pero el magnetismo es diferente, la atmósfera es diferente, la gravedad ha dejado de ser una constante y yo soy el mismo, pero no. El mundo es el mismo, pero no.

Bebo café, doy la bienvenida a la mañana y recompongo la mirada que rastrea el salón.

No, nada volverá a ser lo mismo.

Porque te sigo sintiendo,

te sigo teniendo…pero no.