Sobre objetivos y autocontrol. 2ª parte

Bueno, vamos al lío. El otro día me comprometí a escribir otra entrada sobre modificación de conducta (aquí está la primera parte) y aunque me de perezón me he sentado delante del ordenador y que sea lo que Gandalf quiera. Hoy en lugar de Dan Mangan estaba escuchando canciones de San Remo pero he cambiado de música porque no me concentro con Eurovision de fondo. ¿Qué suena ahora? ¡Schubert! Lo recomendó el otro día James Rodhes en Twitter y la verdad es que sus composiciones son muy adecuadas para relajarse y poder teclear sin distracciones. ¿Qué más cosas me están ayudando a escribir sin ganas? De nuevo una  recomendación sacada de Twitter: la app Forest que mencionó Gabriella Literaria. Esta aplicación te bloquea el móvil durante 25 minutos y durante ese tiempo va creciendo un arbolito virtual en tu pantalla. Además, si no te apetece escuchar a Shubert la app Forest también tiene sonidos de ambiente con un toque zen muy adecuado para mindfulnear un rato. ¿No puedes aguantar la tentación y quieres meterte en Whatsapp? Te saldrá un mensaje preguntándote si quieres matar tu árbol. ¿Va a ser tan cruel? ¡Resiste!

Como veréis he empezado el post divagando más de la cuenta pero ha sido aposta y tiene que ver con la temática de la que quiero hablar.

  1. No me apetece escribir pero sé que tengo que hacerlo porque es un compromiso que he adquirido conmigo mismo (motivación interna) y también con vosotros (refuerzo social, motivación externa). Cuando diseñé los propósitos para este año uno de ellos era “escribir en el blog al menos una vez al mes” y es algo que elegí porque tiene implicaciones personales y emocionales que, por diversos factores, son importantes para mí. Cuando te planteas un objetivo es fundamental que tenga un significado especial para ti para que la determinación para cumplirlo sea genuina.
  2. Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando” sentenciaba Picasso y es algo sobre lo que reflexionar. A mí me encanta escribir pero planificar, documentarse, sentarse a ello, renunciar a otras actividades que reportan satisfacción inmediata sin esfuerzo…eso ya es otra historia. ¡Ay, si yo tuviera que esperar a tener ganas para ponerme a escribir! Esto sería un bloc de notas en BLANCO literalmente. Así que acostúmbrate a iniciar las actividades asociadas a tus objetivos incluso aunque tu plan ideal de ese momento sea despatarrarte en el sofá.
  3. Una vez inicies la actividad asegúrate de que te lo has puesto fácil. ¿Cómo? Eliminando distracciones. ¿El móvil te distrae? Usa Forest o cualquier aplicación que te ayude a restringir su uso. También puedes sencillamente dejar el móvil en la otra punta de la casa. Yo prefiero Forest porque la tontería de ver los árboles virtuales que he plantado en mi bosque de la concentración me sirve de refuerzo. Pero todo vale si te resulta útil.
  4. No tengas en cuenta sólo lo que “resta” sino también lo que “suma”. ¿La música te ayuda a meterte en situación? Elige una banda sonora acorde a tu objetivo. Ya sea Schubert, San Remo o Metallica la idea es que barras de tu alcance todo lo que vaya a ser un obstáculo y añadas todo lo que vaya a ser un catalizador. El cambio está en ti pero también en tu entorno porque tú eres tú y tus circunstancias (Ortega y Gasset dixit) Así que saca tu Marie Kondo interior y quita de en medio todo lo que no juegue a tu favor.

El antes y el durante de nuestro objetivo

La base de todo este proceso es que el punto de partida sea la voluntad de ser mejor persona. Una vez que sepas lo que quieres conseguir (tell me what you want, what you really, really want) toca ponerse a ello. Debido a años de propósitos de año nuevo sin cumplir recomendaría escoger sólo una cosa. Es mejor trabajar un único objetivo al año que tener 4 en la lista, agobiarnos y no conseguir más que buenas intenciones intangibles. “El que mucho abarca, poco aprieta” y otras perlas de la sabiduría popular saben de lo que hablan. Así que ponle sentido común y se realista. Primero una cosa y cuando la domines, coges otra.

¿Ya tienes tu objetivo? ¿Qué hacer ahora?

Recuerda enunciarlo de forma que las tareas sean fácilmente identificables. Por ejemplo, “aprobar el curso” no sirve porque no es algo traducible a acciones concretas. “Estudiar 2 horas al día” es algo que depende de ti y cuya ejecución es comprobable. Es algo que escribes en tu agenda y miras con orgullo. ¡Esta semana lo he vuelto a lograr! Aunque el telón de fondo sea aprobar un examen, una oposición, un curso de inglés o lo que sea, la clave es que lo conviertas en una actividad medible. Sé que me estoy repitiendo porque de esto ya hablé en el primer post, pero es que es tan importante que quería recalcarlo una vez más.

Siguiendo con el ejemplo de “estudiar 2 horas al día” y tirando otra vez de frases populares, es mejor “prevenir que curar“. Anticípate a las tentaciones y prepara previamente el rincón donde vayas a estudiar para erradicar distracciones potenciales. ¿Imposible encontrar un remanso de paz a domicilio porque vives con tus padres, tu abuela, tus titos, 10 perros, la tele a todo volumen y los vecinos de arriba tirando tabiques 24/7? En ese caso busca alguna sala de estudio, biblioteca o similar donde haya silencio y un ambiente más propicio al estudio.

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Photo by Andrej Lišakov on Unsplash

Además del lugar hay que tener en cuenta las tentaciones y el horario. 

  • Tentaciones sociales: ¿Quieres dejar de fumar y tus amigas fuman como en una novela Noir? ¡Cambia de amigas!XD Bueno, no hay que pasarse (a no ser que tu círculo potencie comportamientos extremadamente nocivos para tu salud) pero el impacto que la dimensión social tiene en nuestros hábitos es innegable. Si quieres estudiar y sabes que si quedas con tu mejor amigo vais a estar todo el rato de cachondeo, evítalo durante las horas de estudio. De hecho, lo ideal sería rodearte de personas que te ayuden e inspiren a conseguir tus metas.
  • Tentaciones contextuales: ¿Quieres “comer 3 piezas de fruta al día”? Muy bien. ¡Llena el frigorífico de fruta! Vacía la despensa de bolleria industrial, patatas fritas y picoteo. En su lugar deja fruta visible y accesible en la cocina. ¿Te gusta la fruta pero odias cortarla? Cómprala ya cortada en la frutería de tu barrio. A mí, por ejemplo, me flipan las granadas pero no tengo paciencia para ponerme a desgranarlas; encontré una frutería donde las venden listas para consumir y…¡tachán! ¡Problema solucionado!
  • Horario: Busca el momento del día en el que sea más probable desarrollar tu objetivo. ¿ Os suena el chiste “No tengo ganas de estudiar ahora, pondré el despertador a las 6 de la mañana y repaso todo antes del examen”? Es hilarante e irreal. No te lo cuentes a ti mismo. E igual con otras situaciones. ¿Quieres salir a correr? Encuentra el momento que mejor se adapta a tu horario cotidiano y en el que consideres que vas a rendir más. Por ejemplo, a mí hubo una temporada que me dio por poner el despertador para hacer pesas a primera hora antes de ir al curro. La gente que no tiene problemas para madrugar es maravillosa y digna de admiración y respeto. Yo soy un desastre para eso y lo sé. Después de meses de intentos infructuosos en los que conseguía de chiripa ir 4 veces al mes (shame on me) decidí cambiar de táctica. Empecé a ir en el descanso del curro y funcionó como por arte de magia. Un simple cambio en la elección de horario que me embarcó en un año entero de entrenamiento frecuente.
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Photo by Nathalie Désirée Mottet on Unsplash

Mantener la motivación es otra de las claves para que no se quede todo en un montón de buenas intenciones. ¿Consejos para no perder el fuego interior? ¡Echar leña!

  • Llena la casa, el móvil y tu ecosistema en general de señales y pistas que te refresquen la memoria. ¿Por qué quieres lograr dicho objetivo? Si quieres sacarte el C1 para conseguir un curro en Londres (mala época) decora el escritorio con postales londinenses, pon una imagen del Big Ben de fondo de pantalla, lee una novela ambientada allí, escucha un podcast sobre la vida en la ciudad.
  • Coméntale a tu familia o a tus amigos que te has propuesto lograr tal meta y que te gustaría que te echasen un ojo en el proceso. Las palmaditas en la espalda son un refuerzo muy potente, al igual que los elogios y las felicitaciones de los amigos cuando ven que has compartido tus 3 sesiones de running con Runstactic en redes sociales. Porque las redes también pueden ser efectivas para buscar cómplices en tu misión de cambio. ¿Cómo? Ya sea buscando una figura que te valga como modelo a seguir (un influencer de esos) o para hablar con gente inmersa en un proceso de cambio similar al nuestro.
  • En momentos de bajón a mí me funciona ponerme algún video motivacional de los miles que existen en Youtube. Las charlas de Will Smith suelen funcionar muy bien como chute de adrenalina o ciertas escenas de películas famosas que sacan tu guerrero interior. Esta charla de Rocky a su hijo es un golpe certero en el botón de la voluntad.
  • La música calma a las fieras. Pero también las espolea. Por eso seguro que hay canciones que te pueden acompañar y ayudarte a seguir en el camino correcto. ¿Alguna recomendación? A mí me encanta “Here Comes The King” de Xray Dog porque es un tema que me da un chute de motivación muy épico.
  • ¿Estás comiendo super sano pero, no sabes cómo, has acabado comiéndote un kilo de palmeras de chocolate? ¡No pasa nada! Dentro de toda lucha hay momentos de flaqueza. Céntrate en todas las veces que sí has cumplido con tus tareas y tómatelo como un bache en el camino, analiza por qué ha sucedido y si hay algo que puedas modificar para evitar que suceda la próxima vez (Por ejemplo, no tener un kilo de palmeras de chocolate en la cocina, evitar ir a esa cafetería que expone sus dulces de forma tan atractiva e irresistible, no quedar con tu amiga adicta al chocolate para tomar café y reubicar la quedada en un sitio con menos tentaciones, etc). Es muy importante que cuando recaigas vuelvas a recordar el porqué de tu objetivo y que visualices los beneficios que obtendrás al traspasar la ansiada línea de meta . Si tienes claro el porqué es más fácil buscar el cómo.
  • Las recompensas son necesarias. Normalmente los objetivos que merecen la pena requieren meses de esfuerzo antes de notar resultados, en contraste con las actividades saboteadoras que aportan gratificación inmediata (la diversión que recibes al ver una serie en la tele es instantánea frente al esfuerzo de salir a correr media hora sin recibir nada apreciable). Mayoritariamente deberás acumular muchas sesiones de actividad para conseguir que tu ansiado objetivo se vuelva visible, por lo que es fundamental que refuerces tu comportamiento proactivo con frecuencia. ¿Alguna idea que se me ocurra? Observa tu registro de conducta repleto de Xs, concédete un premio todas las semanas por el trabajo bien hecho, incluye variaciones en tu plan para romper la rutina o queda con alguien y cuéntale lo que estás consiguiendo.

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    Photo by Rémi Walle on Unsplash

Bueno, me parece que lo voy a ir dejando aquí porque, a grandes rasgos, ya he expresado lo que pretendía con esta entrada sobre la motivación, los objetivos y el autocontrol. De todos modos, si hay algo que te gustaría preguntar, adelante. Y si tienes alguna idea o sugerencia que añadir, me encantaría leerte:)

¡Gracias por estar ahí! Un saludo y que la fuerza os acompañe.

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Sobre objetivos y autocontrol

Resulta que yo, como todo el mundo, solía tener una preciosa y eficiente vesícula. La función de este órgano es acumular y liberar bilis para hacer más fácil la digestión de las grasas. ¡¡Grasas!! Tan suculentas y deliciosas. Durante años he disfrutado zampando queso, huevos fritos, chocolate, frutos secos y muchos otros alimentos maravillosos que me hacían salivar de gula y anticipación. Pero claro, creo que fue Woody Allen quien dijo “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Y acertó. Yo que tenía grasientas obsesiones culinarias estoy haciendo desternillarse a todo el panteón de dioses existentes. Mi vesícula ha pasado a la historia y ahora me veo obligado a hacer un cambio radical en mi dieta.

Esta situación ha traído a mi memoria la utilidad de tener nociones básicas en modificación de conducta y autocontrol. Toda ayuda es poca para una vida sin chocolate (en realidad es sólo durante un par de meses, pero ¿qué sería la vida sin un poco de drama?) y, por eso, se me ha antojado escribir una entrada sobre los pasos fundamentales para integrar (o eliminar) hábitos en nuestro día a día. Como es un tema extenso lo voy a dosificar en varias entradas. En esta primera me centro en la base de cualquier plan: los objetivos que queremos conseguir.

Define tu objetivo

Lo primero es marcarse objetivos y para ello tenemos que exponerlos de la forma más específica y concreta posible. “Comer más sano” es muy difuso y, aunque valdría para una primera aproximación, a la hora de implementar un nuevo hábito tenemos que saber a qué atenernos. Si un domingo nos entra la típica epifanía de necesitar cambiar de vida, es natural que se materialice en algo tipo “a partir de mañana voy a empezar a comer sano”. ¡Muy bien! Como dice el Lao-Tse un viaje de mil millas comienza con un solo paso y ese objetivo borroso es un buen primer paso. ¿Es también el último paso? No, Homer, no. Un objetivo difuso necesita ser pulido en uno concreto para poder ser útil.

Por eso, cambiar “comer más sano” por “seguir una dieta sin grasas ni fritos durante dos meses” da menos lugar a confusión sobre lo que se espera de nosotros. Es muy importante que redactemos nuestros objetivos de forma que el comportamiento (o hábito) que queremos reforzar sea fácilmente identificable.

Lo ideal sería que nuestros objetivos surgieran de nuestra propia inquietud personal de llevar una vida más saludable pero cuando te los impone una cirujana tienen un punto de contundencia difícil de igualar.

Ejemplos de objetivos imprecisos vs objetivos concretos

Escribir más vs Escribir una entrada en el blog una vez a la semana

Comer más fruta vs Comer una pieza de fruta en el desayuno y otra en la cena

Mejorar mi vida social vs Quedar con amigos para tomar café los viernes

Hacer más ejercicio vs Ir andando al trabajo 3 días en semana

En definitiva, cualquier objetivo que nos planteemos debe estar redactado de forma que sea un comportamiento que podamos registrar en una tabla y marcar con una cruz de “hecho”. Un objetivo con un enunciado tan claro y conciso que incluso un observador externo pudiera identificar. ¿Cómo sabe alguien si has “escrito más”? ¿Más en referencia a qué? ¿A lo que escribiste el año pasado? ¿Más que Laura Gallego? ¿Más que tu vecino del 4º? Cuando sepas que esperas de ti será más sencillo adaptar tu mundo para que ese comportamiento se produzca y, por supuesto, saber si lo estás logrando. Por eso mismo, la frase motivadora “quien hace todo lo posible no está obligado a más” es un poco engañosa. ¿Qué es “todo lo posible”? ¿Cómo sabemos si estamos haciendo “todo lo posible”? ¡No os dejéis liar con frases de taza de desayuno ñoña! Sabed lo qué buscáis y de ese modo sabréis cuando lo habéis encontrado.

¿Cómo saber qué objetivos buscar?

Esto es muy subjetivo y personal. Pero a veces basta con ser sincero con uno mismo y analizar la vida que llevamos. ¿Eres feliz? ¿Qué te gustaría cambiar? Si te imaginas tu vida en unos años, ¿te gustaría que todo siguiera igual que ahora? ¿Vida social? ¿Salud? ¿Amor? ¿Crecimiento personal? ¿Progreso? Lo que necesitamos las personas para sentirnos satisfechas se matiza en los detalles pero creo que a grandes rasgos existen similitudes que podrían agruparse en dos grandes esferas:

  • ser feliz con uno mismo
  • ser feliz con los demás

Lo que me hace feliz puede diferir (o no) de tu concepto de la felicidad. ¿Cómo se manifiesta tu felicidad? Muchas veces es difícil encontrarnos a nosotros mismos en rutinas impuestas por mezquinos factores externos pero se trata de un combate en el que nunca debemos tirar la toalla. Por eso, coge esos “ser feliz con uno mismo” y “ser feliz con los demás” y analízalos, reflexiónalos, exprímelos, averigua de qué están hechos y, por último,desmenúzalos en objetivos específicos y medibles.

Eso es todo por hoy. Y ahora que he escrito un poquito sobre los objetivos, en próximas entradas me gustaría escribir sobre:

  • ¿Cómo elaborar un plan?
  • ¿Cómo enfrentarse a las recaídas?
  • ¿Cómo mantenerlo en el tiempo?

Es un tema que me interesa mucho, así que si conocéis lecturas, charlas o cualquier tipo de recurso para aprender más cosillas, os agradezco que dejéis un comentario al respecto.

Por mi parte, como recomendación, si queréis profundizar en el tema os dejo esta charla de la psicóloga Kelly McGonigal sobre la fuerza de voluntad. Y hay un libro muy completo al que seguro que le sacaríais mucha miga. Se trata de “Modificación de conducta (qué es y cómo aplicarla)“de Martin y Pear (2007) publicado por Pearson con traducción de Laura Vivas Fernández y Aurora Suengas Goenechea.


Y no tiene nada que ver con el tema, pero estaba escribiendo esta entrada escuchando de fondo a un artista que descubrí hace poco y…¡qué maravilla! Si os apetece música de tranquileo, Dan Mangan es un genio. El pobre tiene un nombre con unas vibraciones electrolatinas que nada tienen que ver con su estilo. Probad con su canción “Lay low” para ver si os gusta. ¡De nada!;P

Sobre Netflix, libros y la atención plena

Hace unos años el catálogo de series que se emitían en televisión era tan reducido que prácticamente todo el mundo veía lo mismo. Este hecho tenía una parte positiva pues cualquiera podía entender tus referencias y chistes de “Friends” y “Los Simpsons”, creando así una sensación balsámica de entendimiento mutuo y pertenencia a una comunidad. Bueno, tampoco hay que exagerar, pero mola que sepan de que estás hablando cuando debates sobre si eres más Phoebe o más Joey o te quejas del estúpido Flanders y su erotismo.

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Imagen de simpsons.wikia.com

Sin embargo, ahora la oferta de series es ENORME. Netflix, Prime Video, HBO y otras plataformas de contenido audiovisual generan tal cantidad de adaptaciones, películas, guiones, personajes, situaciones, bandas sonoras, temporadas y episodios que es imposible estar al día. Ahora le preguntas a alguien si es más Otis o más Eric y probablemente le suene a hebreo antiguo. ¿Al diablo con la probabilidad de generar complicidad en nuestras interacciones diarias? Posiblemente. Pero, ¿a quién le importa? Hemos sacrificado la calidez de un denominador común conversacional por un fascinante menú de ocio virtual. Te interesa una temática, te pones una serie que la satisface. Así de sencillo.

La frustrante fiebre de la novedad

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Photo by Jaredd Craig on Unsplash

Pero hay que saber capear la tempestad de títulos y novedades. Que el menú sea amplio no implica que se espere de ti que pruebes todos los platos. Y es algo que se nos olvida fácilmente. ¿Se puede digerir un producto cuando masticas pensando en el siguiente? ¿Hemos pasado a una época de consumismo cultural? ¿La necesidad de estar a la última ha matado el visionado mindfulness? ¿Se ha extinguido el consumidor mindfulness o nunca existió?

Esto no sucede sólo en el mercado audiovisual. En mi trabajo estoy expuesto a las idas y venidas del mundo editorial. La cantidad de novedades que se generan en un mes y abarrotan los estantes de las librerías es brutal. ¿Pueden los lectores y las librerías asimilar cientos de títulos en un solo mes cuando el espacio, el tiempo y el dinero son bienes limitados? ¿Cuál es la esperanza de vida un libro recién salido al mercado? ¿Un título publicado en febrero seguirá fresco y atractivo en un estante en junio? Esto daría para un un post larguísimo y no voy a entrar al trapo ahora mismo, pero quizá vuelva a ello en el futuro.

Pratchett, Simons, caramelos y modas semanales

Sí puedo apuntar que como consumidor, lector y amante de los libros me reí irónicamente al sentirme identificado con un fragmento de “Los pequeños hombres libres” de Terry Pratchett. Cambiad dulces por cualquier tipo de objeto de consumo que os apasione y…¡tachán!, los problemas del primer mundo sintetizados en un párrafo:

“Sí, estaba rodeado de dulces. Pero en cuanto cogía uno, su cerebro aturdido por el azúcar le decía que no estaba cogiendo todos los demás. Y había tantos caramelos que nunca podría comérselos todos. Era demasiado para él, así que la única solución era romper a llorar”.

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Photo by Kat Bruni on Unsplash

Cuando navegas en las redes sociales verás muchas personas comentando libros, cómics, videojuegos, series o películas y hablando maravillas sobre ellas. Bueno, si es en Twitter probablemente las estén dejando a caer de un burro. Pero no nos desviemos del tema. ¿Una pequeñísima parte de ti está deseando terminar lo que deberías estar disfrutando para empezar algo nuevo que está en boca de todos? ¡Confiesa! ¿Sí? Pues…¡muy mal! Pero no te preocupes, respira, apunta la excitante recomendación en una libreta (o donde sea que anotes las cosas) y ya habrá tiempo. Puede ser que mañana caiga un meteorito sobre nuestras bulliciosas cabezas y ni siquiera te lo estés pasando bien con tu hobby porque has caído enfermo con la fiebre de la novedad. Nunca podrás ver todas las series del catálogo de Netflix porque necesitas un trabajo para pagar el sofá, la tele, la conexión a internet y la suscripción. Y los trabajos requieren tiempo. Así que no salen las cuentas. ¿Eres billonario? Bueno, incluso con todo el dinero del mundo hay algo que nunca podrás comprar: un dinosaurio tiempo. 

Estos días estoy inmerso en la lectura de “Hyperion” de Dan Simmons y plantea una sociedad en un universo colonizado siglos después de la destrucción del planeta Tierra. La novela va dejando pinceladas de la idiosincrasia de esa civilización tan avanzada y me resulta divertido que a uno de los personajes secundarios le guste ir siempre en vanguardia de la moda pero…¡hay una nueva moda cada semana! Cada vez que aparece la describen con un look más extravagante que el anterior. ¿Os imagináis seguir la moda pero que esta cambie cada semana? Debe ser extenuante. Y aunque es una parodia, vivimos en una época frenética en la que un recurso de worldbuilding que usó Dan Simmons en 1989 no suena tan descabellado. ¿O sí?

Conclusión y propuesta

Aquí acaba mi reflexión, que es además una propuesta personal: ver, leer y disfrutar lo que tengo. ¿Hay una exótica selva de fascinantes descubrimientos y novedades que merece la pena explorar? Sin duda, pero cito a Vivian Ward en Pretty Woman y me digo: “sí, pero ahora estoy aquí”. Aquí con este libro en las manos y estas imágenes en las retinas. La experiencia que Brandon Sanderson resalta como “viaje, no destino” y que puede consistir en un momento robado al calendario de obligaciones. Tú, un libro, un té, una tarde de lluvia y todas tus neuronas y sentidos ejerciendo la atención plena; devorando las palabras que un autor esculpió para ti. 

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Photo by Harry Quan on Unsplash

Me gustaría ser capaz de leer cuando leo, ver cuando veo, comer cuando como, conversar cuando converso, escuchar cuando escucho. E ídem para todo tipo de verbos. Es difícil prestar atención en un entorno en el que danzan millones de estímulos interesantes, pero los ratos en los que lo conseguimos, suelen ser los que marcan la diferencia. Merece la pena intentarlo. ¿Te animas?

 

 

Sobre nosotros y los demás

Desde que nacemos vivimos, casi siempre, rodeados de otros y siempre por nosotros mismos. Las personas de nuestro entorno enriquecen y matizan nuestros gustos y, en cierto modo, nos ayudan (para bien o para mal) a convertirnos en la persona que somos.

Me gusta mucho la frase con la que Ana Frank concluye su famoso diario: “Siempre buscando la manera de ser, como de verdad me gustaría ser y como podría ser…si no hubiera otra gente en este mundo”. Me impactó porque la primera vez que la leí estaba en una fase en la que el qué dirán me estaba asfixiando por dentro y me sentí identificado; pensé: “¡Cómo te comprendo, Ana!” (he ahí el poder terapéutico de la literatura). Y es que en menor o mayor medida esa “otra gente en este mundo” nos condiciona.

El otro día escuché un podcast de la psicóloga Heidi Grant Halvorson en el que explicaba la naturaleza de los objetivos que nos fijamos y los dividía en dos categorías:

  1. Objetivos con lo que buscamos mejorar (getting better)
  2. Objetivos con los que buscamos demostrar lo que valemos (being good)

Los de la primera categoría están influenciados por nuestra opinión sobre nosotros mismos y nuestros gustos personales (motivación intrínseca). Y los de la segunda lo están por la opinión de los demás (motivación extrínseca). En la facultad di algunas clases de modificación de conducta y solían decirnos que la clave para conseguir que un nuevo hábito arraigará era conseguir que la persona lo hiciera desde la motivación intrínseca. Es más fácil querer hacer algo porque lo disfrutas que porque otros te lo imponen.

Vivimos en sociedad y no se pueden obviar las expectativas ajenas. Por ejemplo, que se espere de ti que llegues puntual al curro y hagas tu trabajo de forma eficiente. O que los padres recojan a sus hijos del colegio y esperen su turno para meterse en  una rotonda con el coche. En fin, cosas básicas para que la civilización no se desmorone. Pero para estar a gusto en nuestra piel es básico buscar nuestra dosis de motivación intrínseca. ¿Cuál es la vuestra? 

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Photo by Peter Conlan on Unsplash

En fin, espero que encontréis tiempo para hacer lo que realmente os llena y que lo hagáis aunque a nadie le importe; que os de igual lo que piense la gente.  A la mierda los likes, los retweets, los comentarios, las miradas, los cumplidos y todo lo que no seas tú disfrutando del viaje. Y esto es aplicable a música, libros, aficiones, estilo de vestir y mil cosas más. Aprender a ser feliz con los demás pero sin olvidar que antes hay que ser feliz con uno mismo.

 

Agradeciendo que es gerundio

 Descuidamos muy a menudo nuestra higiene psicológica, cuando es la base de nuestra felicidad. Todas nuestras experiencias y percepciones pasan por los engranajes de nuestro cerebro y les damos forma de pensamiento. Y si el filtro se nos atasca de negatividad, hasta el día más primaveral se puede llenar de una alérgica oscuridad. Como dirían en el opening de Dragon Ball: “no lo podemos permitir”. Por eso me declaro seguidor de la psicología positiva.

He leído algunos libros al respecto, y de todos los ejercicios propuestos, el que me ha parecido más sencillo de llevar a cabo es el conocido como diario de gratitud. Consiste en escribir todos los días tres cosas por las que estamos agradecidos. ¿Ves que no tiene ningún misterio? Lo más complicado es ser constante y escribir diariamente.

diario de gratitud

¿Qué escribir en el diario de gratitud?

Al principio no estaba muy seguro de qué anotar y, básicamente, siempre repetía lo mismo. Puede ser un poco aburrido si convertimos este ejercicio en una repetición de “salud, un plato de comida y un techo”. Es cierto que hay que estar muy agradecido por los privilegios que tenemos, pero es divertido convertirse en un explorador de los pequeños instantes de felicidad que pasan de puntillas un lunes cualquiera.

Yo anoto momentos que me han resultado agradables y va desde lo genérico (visita familiar, buen día en el curro, etc) a lo específico (el sabor del té negro con galletas, una canción nueva que te llena de energía, un buen libro,etc). Y algunas veces registro situaciones en las que no estoy implicado directamente, por ejemplo, un día que una anciana le pago el billete de autobús a un muchacho al que le faltaba calderilla para comprarlo.Cualquier situación que te haga sentir orgullo por la especie humana sirve:)

Beneficios de usar un diario de gratitud

Llevo casi dos meses escribiendo mi “diario de gratitud” de forma continuada, y me está resultando una experiencia gratificante. Al final, los días malos siguen siendo malos, pero te acostumbras a explorar en tus recuerdos en busca de ese rayito de luz en las tinieblas. Además, es una característica muy humana ir mejorando con las repeticiones. Y con el paso del tiempo te vas haciendo más eficiente en ir buscando patrones de positividad durante el devenir de tu vida cotidiana, por lo que te resulta más sencillo descubrir que, por muy mal que vayan las cosas, siempre suele haber detalles que aportan su granito de felicidad a cualquier lunes de octubre que se precie.

¿Te animas a probar? Puedes usar cualquier libreta o agenda, y si eres más de escribir en el smartphone, hay una app llamada Bliss, que entre otras utilidades, sirve también como diario de gratitud portátil. Lo único, que si reseteas el móvil por lo que sea, no tiene opción de recuperar tu registro; por lo que perderías todo lo que has escrito. Y sería una pena, porque parte del encanto de este hábito es poder leer que va haciendo feliz a lo largo del tiempo.

Pollyanna de Eleanor H Porter aprueba esta entrada del bloC

portada pollyanna de eleanor h porterComo curiosidad, hay un personaje literario que debe ser pionero en este mundillo de la psicología positiva. Hablo de Pollyana de Eleanor H Porter.

Recuerdo haber leído el libro de pequeño y sorprenderme por el juego del optimismo de la protagonista. Ella siempre intentaba sacarle el lado positivo a todo lo que le sucedía, así que seguro que lo del diario de gratitud le parecería una idea estupenda.

No obstante, no hay que caer en los extremos. Muchas veces no basta con cambiar la forma en la que vemos el mundo; y si algo atenta contra nuestra felicidad, debemos ser asertivos y luchar por modificarlo. Pero en fin, eso es otra historia y da para muchos posts.

No lo dudes, regístralo

Siguiendo el ritmo de actualizaciones (al menos una a la semana) subo este post, aunque la verdad que no sabía muy bien sobre qué escribir. Había pensado hacer una crítica sobre la trilogía El Ciclo de la Luna Roja de José Antonio Cotrina, pero tengo que terminar el tercer libro, y además un post de ese tipo requeriría más tiempo. Y vengo al bloC en plan relámpago porque quería escribir un poquito y es el único rato que he encontrado. Así que vamos allá.

Lo ideal es tener un calendario para programar los temas de los que quieres hablar y poder prepararlos con antelación para generar contenido de calidad. Pero en los blogs personales prima más la espontaneidad, por lo que la improvisación está permitida. Hoy me apetece hablaros de las famosas metas que todos nos marcamos.

goals

Ya hemos pasado de sobra el ecuador del 2016 (un año bastante turbulento a nivel mediático, por cierto) y probablemente los propósitos de año nuevo hayan quedado sepultados sobre una avalancha de inercia, horizontalidad y helado de chocolate. Pero no te preocupes, te cuento un secreto…

 

No hace falta esperar hasta septiembre de 2016 ni hasta enero de 2017 para retomarlos. Puedes empezar cualquier día, por ejemplo hoy,jajaja:)

 

Lo que va muy bien para mantener la motivación en objetivos en los que no vemos los resultados hasta medio-largo plazo es llevar un registro de lo que estamos haciendo. Si marcas en el calendario todos los días que trabajas en lo que te propusiste, mirarás a la pared y verás un montón de marcas alabando lo mucho que te lo estás currando. Y algo tan sencillo se convertirá en un gran refuerzo y aliado.

Llevar un registro nos permite estudiar la evolución de los proyectos que llevamos a cabo, saber en qué fallamos, comprobar qué estamos haciendo bien y reflexionar sobre posibles cambios en nuestra rutina.

Teclado de ordenador, bloc de notas, idea
!Registrad, insensatos¡

También puedes realizar un seguimiento en un diario e ir escribiendo lo que estás haciendo. Por ejemplo, lunes 18 de julio de 2016, he subido una entrada nueva al blog,jeje. O crear una lista de tareas e ir tachando lo que has hecho; eso sí, teniendo en mente que es mejor proponerse una sola tarea que te acerque a un objetivo concreto y cumplirla, a saturarse con decenas de intenciones que se quedan en el tintero. Dicen que es preferible la más pequeña de las acciones, a la más grande de las intenciones. Conviene no olvidarlo nunca.

Eso es todo. ¡¡Feliz semana!!:) Y a cumplir objetivos se ha dicho;P

 

 

Leyendo Thinking, fast and slow

Voy a empezar libro nuevo; se llama Thinking, fast and slow y trata sobre los distintos métodos que usamos las personas a la hora de tomar decisiones. Me parece un tema muy interesante porque decidir es una de las acciones que más se repiten en nuestro día a día. No hacemos otra cosa que elegir entre varias opciones (de mayor o menor trascendencia) una y otra vez. ¿Por qué no profundizar un poco en ello?

portada thinking fast and slow

Para saber más:

La plataforma  educativa Edx ofrece el curso online gratuito The science of everyday thinking donde aprenderás un montón sobre juicios, prejuicios, decisiones, valoraciones, etc.

Por ejemplo: si un auditorio abarrotado de público te escucha atentamente tocar una melodía con el golpeteo de tus nudillos sobre la mesa, ¿qué porcentaje de gente crees que adivinaría de qué canción se trata?

No te lo digo. Si quieres descubrirlo, lee el libro o haz el curso,jajaja.

¡¡Feliz semana!!