Sobre desconocidos que dejan huella

Todos tenemos problemas y todos hemos sentido un momento de desahogo de los mismos, una desconexión momentánea o un instante de comprensión. En ese tiempo sentimos que las cosas no son tan graves, o puede que tan solo las olvidemos, o quizá las compartamos y eso haga que el peso se reparta y nos libere de parte de nuestra carga. Sea como sea, yo lo he sentido y estoy seguro de que vosotros también. Me gustaría escribir sobre eso.

            Vivimos en una época complicada. Tras unos años de relativa comodidad las cosas empiezan a ponerse turbulentas. No estoy seguro de si el motivo es un cambio de época a nivel mundial o simplemente que la vida se vuelve más complicada una vez que se te acaba la excusa de la primera juventud y comienzas a abrir los ojos, a ver el mundo tal como es, tal como nos lo presentan en los medios de comunicación y tal como necesitamos que sea según nuestros intereses: estabilidad económica y encontrar un lugar que nos pertenezca.

jeremy-perkins-278351-unsplash

Photo by Jeremy Perkins on Unsplash

El caso es que hay una palabra que nos persigue allá donde vayamos. No es otra que “crisis”. La crisis está en todos lados. La gente pierde su trabajo, se queda sin hogar, la inmigración se dispara a la par que la insatisfacción. Los bolsillos están vacíos y eso tiene repercusiones. Es triste ver en muchos rostros la desesperanza que viene de la mano de la falta de recursos. Hay todo tipo de problemas, desde los más graves como el hambre, el no saber si se llegará a fin de mes y la sensación de estancamiento; y otros que repercuten de forma sesgada, que merman el sentido del humor de ciertos sectores de la sociedad. ¿Quién se resigna a apretarse el cinturón cuando llevamos mucho tiempo acostumbrados a la terapia de la venta al por menor?

            La crisis es el marco de nuestra experiencia actual, lo que no significa que antes de ella todo fuera maravilloso e impoluto. El dolor es algo que ha acompañado al ser humano desde que el mundo es mundo, forma parte de nuestra naturaleza y si hay un sentimiento del que podemos hablar largo y tendido las personas, ese es el dolor. Sin embargo, estamos llenos de matices y nos adaptamos, nos superamos y buscamos desesperadamente el equilibrio. Conocemos el sufrimiento pero también conocemos la alegría. Padecemos la soledad pero también gozamos de la compañía. Hay pena, desolación, frustración, agonía, aislamiento y desesperación, pero también existe lo opuesto a todos ellos. Y a lo largo de las generaciones que han poblado la tierra estos sentimientos han encontrado su representación. Se manifiestan a través de nuestras manos cuando creamos arte. Los volvemos inmortales e imperecederos y se quedan pendiendo en el aire, a la espera de ser utilizados.

            ¿Nunca has escuchado una canción y sentido que parece escrita para ti? En algún momento de la historia alguien sintió lo mismo que tú sientes ahora y esos sentimientos encapsulados en el espacio y en el tiempo vuelven a ti y consiguen anestesiarte. Pondrás la canción una y otra vez y aunque estés solo en tu habitación, te sentirás acompañado, pues tu dolor no es ya un ente solitario. La idea de que sufrieron lo mismo y tuvieron la fortaleza para componer una canción significa que lo superaron, al menos lo suficiente para poder escribir sobre ello. Y ese es un pensamiento cargado de esperanza.big fish

Otra forma de crear lazos de desconexión es el cine. Hay una película de Tim Burton, Big Fish, que me fascina porque toca un montón de asuntos que entusiasman, como los flechazos y el amor verdadero y duradero, y otros que asustan o entristecen como la muerte, el paso del tiempo y el recuerdo que dejamos y que dejan los que ya no están. Este tema siempre está de actualidad. El terrorismo, los accidentes de tráfico y los desastres naturales acaban con la vida de muchas personas. Gente que va a trabajar por la mañana y que ya nunca volverá a estar con sus familias, ni sus amigos, ni a conocer a nadie nuevo mientras toman un café despreocupados. Es algo sobre lo que nunca piensas, nunca te paras a pensar que sales un día de tu casa y ya no vuelves. Se hacen tantos planes para el futuro y tenemos tantas ilusiones y esperanzas puestas en el mañana que no sé nos puede ocurrir que todo se acabará al montarnos en un coche. La vida sigue para los que se quedan, el dolor de las familias debería mitigarse con el tiempo, porque el mundo gira tan rápido que nadie se puede permitir el lujo de detenerse y llorar. Al menos no eternamente. Y para los que vemos las noticias todo queda en un recuerdo, recuerdo triste pero lejano porque la vida sigue. Tal vez mañana sea nuestro turno o sigamos durante muchos años con esa sensación permanente de mortalidad. El cine, la literatura, la pintura y todas las creaciones del hombre están impregnadas del miedo a la muerte. Ellas lo comparten con nosotros. El arte establece su vínculo una vez más

            Cuando nos sentimos perdidos siempre podemos recurrir al arte como una vía de escape. Podemos cruzar el puente que nos une a la realidad que hay detrás de la realidad. Cerrando los ojos y viendo crecer unas alas en nuestra espalda. Durante un periodo fugaz podemos volar, podemos parar el tiempo, cerrar las heridas, olvidar. Una amnesia que nos ayuda a descongestionarnos. El caos, la incertidumbre y el humo negro del tráfico tiran de la cuerda: nos estiran al máximo. Podríamos llegar a rompernos de forma irreversible, pero no lo hacemos porque somos capaces de detener todo aquello que nos sofoca. Hacemos un paréntesis que se convierte en nuestro refugio. Sentimos que todo va bien o simplemente dejamos de sentir. La cuerda se destensa lo suficiente para no quebrarse.

jessica-fadel-431249-unsplash

Photo by Jessica Fadel on Unsplash

Vivir es una actitud y en cualquier situación en la que perdemos las ganas de mantenerla, hay algo que nos ayuda a escapar. Una catarsis momentánea. Estamos unidos a una red y en ella tejemos nuestra huella, la compartimos con los demás. Ya sea dibujando, escribiendo, editando un video o cualquier otra manifestación artística. Todo forma parte de un sentimiento al alcance de todos. Una tabla de salvación cuando estamos con el agua al cuello. Un paraguas que nos resguarda de la lluvia

Los libros que leemos, las películas que vemos en el cine, los conciertos a los que asistimos, los museos que visitamos, incluso los videos que buscamos en youtube, todos, al igual que los amigos que nos rodean, nos influyen sin que apenas podamos darnos cuenta. Estamos hechos de un montón de impresiones que impactaron en nosotros en algún momento, y cada expresión que mostramos ha sido precedida por una impresión anterior, que ha germinado en nuestro inconsciente y ha crecido con libertad propia, salvaje, creando algo totalmente nuevo pero a la vez influenciado por alguna idea del gigantesco archivo común que es la cultura. Todos compartimos un mismo aire y, de esa manera, la mayoría de las veces, no somos tan distantes ni ajenos como creemos. Ni siquiera dos personas enfrentadas por ideologías opuestas, que creen odiarse y se jactan de ser de mundos diferentes, pueden realmente presumir de ello con certeza. Si dejasen a un lado el odio opaco podrían ver una inmensa sucesión de hilos transparentes pero tangibles, unidos a ellos, interconectando cada fibra de su ser. Un inconmensurable océano de palabras, secuencias, estribillos, pinturas y clicks de ratón que nos convierten, aunque nos neguemos a ello, en compañeros de viaje.

No es difícil conseguir ver realmente a una persona, si miramos adecuadamente. Podemos conocernos sin tenernos delante. Hay un lugar en el que nos desnudamos sin ser conscientes de ello. Y lo hacemos porque pensamos que nadie mira o quizá porque no podríamos no hacerlo a pesar de todos nuestros esfuerzos. Nos resultaría casi imposible, pues sería ocultarnos de nosotros mismos. Ese lugar del que hablo se haya en las libretas que llenamos de letras y frases, en las fotografías que nos gusta hacer, en las notas musicales que nacen de nosotros y, en definitiva, en todas nuestras formas de expresión artística, que encierran inevitablemente pedacitos de nuestra alma.

Lo que intento transmitir es la existencia del arte como el más efectivo canal de comunicación. A través de él somos capaces de ver, escuchar, leer y sentir, pero también, y ahí radica su poder, podemos hacer sentir a otras personas. Cuando lanzas tu mensaje al viento, tarde o temprano, aparecerá en el camino de alguien que, aunque no conozcas, lo estaba necesitando. Es reconfortante pensar en la interacción que se produce.Pensar en como un desconocido puede llegar a salvarnos.

everton-vila-140207-unsplash

Photo by Everton Vila on Unsplash

            Una imagen que entra por nuestras retinas en un instante preciso crea una avalancha de emociones que nos puede ayudar a quitarnos la venda de la negatividad, a ver color donde solo veíamos oscuridad, a esbozar una sonrisa en un rostro que estaba impávido.

Una melodía nos hace vibrar y acabamos disolviendo el agobio y el agotamiento mediante el sudor que proviene de nuestro baile. Un baile. Una canción. El tiempo que discurre por otros cauces más limpios, menos saturados de facturas y plazos de hipotecas.

            Somos perseguidos por cientos de malos presagios. Nuestra cabeza a veces cambia los pájaros por los cuervos. Nos picotean a conciencia. Su revoloteo acapara el sonido y todo pierde su brillo, envuelto con un plumaje negro. Pero cualquier pesadumbre tiene un punto débil y estoy seguro de que si buscas en el cajón de arte adecuado, lo encontrarás

Anuncios
Publicado en opinión, reflexiones, regreso al pasado | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Sobre personas y pálpitos

No se puede ver el alma de una persona

No se puede leer en su corazón

No se puede descifrar el significado de sus silencios

Cierto Principito dijo una vez que lo esencial es invisible a los ojos, y esto es cierto para lo bueno y para lo malo de la naturaleza humana.

¿Qué sientes?

 

Acalla la voz de la razón, esquiva la lógica; despójate de pensamientos y escucha atentamente tu instinto primario. ¿Un hormigueo en el estómago? ¿Un escalofrío?

Es muy frecuente desear en los finales retroceder al principio y hacer (o deshacer) guiándote por lo que, sin poder explicar cómo, sabías.

La intuición siempre tiene un “te lo dije” preparado.

neonbrand-432981-unsplash

Publicado en reflexiones, regreso al pasado | Deja un comentario

Sobre cafés y pisos en el centro

Hubo un tiempo en que escribía fragmentos de historias que iban surgiendo en mi cabeza. Historias inconexas e inconclusas. Para muestra un botón. O un café.

Sentada tomando café, removiendo el azúcar con la cucharilla. Su acompañante parloteaba y ella asentía con la cabeza. No le prestaba atención, pero llevaba muchos años viviendo en sociedad para saber que a la gente no le gusta que parezca que no te interesa lo que dicen.
-Me encanta la casa que me compré.
Ajam
-Es espaciosa, con 3 dormitorios, cocina, 2 cuartos de baño, salón…
Ajam
– La hipoteca me sale por un pico, pero quiero tener algo mío. Cuando termine de pagarla tendré 89 años y demencia senil, pero, ¡qué diablos!
Ajam

Seguía dándole vueltas a la cuchara, de hecho, le había dado tantas, que más que disolver azúcar parecía que pretendía crear su propia versión del Triángulo de las Bermudas. Con un poco de suerte un avión se precipitaría encima de la taza; aunque sospechaba que él sería capaz de enumerar las ventajas de vivir en el centro incluso si una mole en llamas hiciera acto de presencia.

mikesh-kaos-42527-unsplash

Photo by Mikesh Kaos on Unsplash

 

Publicado en regreso al pasado | Deja un comentario

Sobre viajes en el tiempo

Los viajes en el tiempo han sido y son uno de los grandes sueños del ser humano. Por desgracia, nadie ha conseguido todavía construir una maquina para ello, al menos no una que funcione.

A pesar de la falta de tecnología, sí que se puede viajar a otras épocas. ¿Cómo? A través de la memoria y el recuerdo.

  • Ventajas: es gratis y no contamina.
  • Inconvenientes: solo se puede viajar al pasado y con un rasgo espacio-tiempo limitado a nuestra propia experiencia vital. Asimismo, su carácter subjetivo puede distorsionar la exactitud del momento vivido (todo parecido con la realidad es pura coincidencia).

Se observan otros pequeños problemas, ya que al activarse de forma automática ante ciertos estímulos (lugares, olores, imágenes, sonidos, personas, etc) se convierte en un viaje peligroso, incontrolable y de consecuencias impredecibles. En el peor de los casos el sujeto implicado en este tipo de vivencia puede encontrarse asaltado por un dolor intenso en una herida que creía cerrada hace mucho.

Publicado en reflexiones, regreso al pasado | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Sobre engaños y sonrisas

No recuerda el momento exacto en el que su corazón se convirtió en un holograma gris. Afortunadamente, la gente que le rodea no ha notado el compás triste de sus latidos y él lo oculta tras una caja fuerte revestida de inercia y sonrisas puntuales.
Estuvo muy asustado pensando qué pasaría si la gente descubriera que, añorando la primavera, había caído en las garras del otoño. No quería que supieran que era adicto al mes de octubre, que caminaba entre las hojas marchitas ciego a todo excepto a la desesperanza.
Pero todo eso quedó lejos.  El tiempo es sabio y le ayudó a pintar la fachada de su mundo de un color artificial. Sus familiares, conocidos y amigos admiran el resplandor opaco que dibujan unas palabras dichas con la convicción suficiente para engañarlos a todos. A todos excepto a él mismo.

bram-gerinckx-323420-unsplash

Photo by Bram Gerinckx on Unsplash

Publicado en reflexiones, regreso al pasado, reto escritura | Deja un comentario

Sobre Simon, Becky y Kameron

Tras terminar de leer “The Geek Feminist Revolution” de Kameron Hurley (publicado en español por Alianza Editorial y traducido por Alexander Páez) me siento diferente. Veo, oigo y siento cosas que antes no percibía. Y, no, no es broma. Me explico.

Llevo unas cuantas semanas que cuando voy al cine o veo alguna peli o serie en Netflix, la analizo con mis nuevas gafas “qué diría de esto Kameron Hurley”. Una especie de test de Bechdel a gran escala. Y no es ni malo ni bueno porque me siguen gustando las mismas cosas, pero noto un pequeño pinchazo en las consciencia. Como cuando descubres la estrategia de un vendedor o ves una carta escondida en la manga de un mago. Y cada ocasión puedo imaginarme a Kameron Hurley levantado una ceja y comentando “¿qué te había dicho?”.

La revolución de Kameron Hurley

Me ha pasado viendo, por ejemplo, “La isla mínima” una película policíaca española muy interesante (por cierto, brutal la banda sonora de Julio de la Rosa). Pero tenía una lista mental llena de tópicos de un destripe de Kameron Hurley a True Detective. Era como jugar al bingo y no parar de sacar números: la mujer como un desencadenante de la trama, su papel de víctima, nunca un personaje activo con sus propias inquietudes y defectos.

En fin, y esta es solo una pequeña muestra de las cosas que antes no veía ni oía de forma consciente. Así que podría decirse que “La revolución feminista Geek” ha sido inspirador en muchos sentidos. Pero lo que más me ha impactado es el tema de la representación o, mejor dicho, la falta de representación de ciertos colectivos en la narrativa que da forma al mundo.kameronsimon

La cultura popular se alimenta de los nuevos mitos que se generan en el cine, los libros, las canciones, los videojuegos, etc. Y es que los mitos son nuestro referente para entender quiénes somos y qué pasa a nuestro alrededor. Nos identificamos con esos personajes y nos alientan los retos que afrontan.

Es más fácil si dentro de ese cosmos mitológico pop encuentras un modelo a seguir, alguien como tú. ¿No buscamos, a fin de cuentas, encajar en el grupo? En un capítulo de “La revolución feminista geek”, Kameron Hurley cuenta como John Scalzi  habló de las ventajas de dar pistas sobre las raíces culturales de sus personajes, pero no especificar el color de la piel, el tipo de peinado ni la forma de vestirse. Personajes neutrales para que el lector los imaginase con total libertad.  Parece algo guay, ¿no? Y fue ahí cuando Kameron Hurley alza su voz para desvelar algo que nos sucede cuando leemos y que desmonta las buenas intenciones de Scalzi: por defecto pensamos en blanco, pensamos en hetero y, si me apuras, al menos medianamente atractivo. ¿Cómo va a ayudar el silencio a cambiar la gran narrativa?

Leyendo a Becky Albertalli

Por eso, con la revolución de Kameron Hurley redecorando mis neuronas, fue una agradable sorpresa leer el libro “Simon vs The Homo Sapiens Agenda” de Becky Albertalli.

Una novela protagonizada por un personaje homosexual, una novela adolescente, con bailes de graduación, cafeterías, inseguridades y un montón de taquillas de instituto americano. En sus páginas se habla del miedo a dar el paso sin retorno de mostrar quien eres y no saber cómo afectará a tu vida cotidiana. 

Curiosamente, volviendo a la experiencia de leer “Con amor, Simon” (así se titula en español), en un momento de la trama se pone a prueba nuestra percepción, lo que damos por hecho cuando no se nos dan más pistas. Y Kameron Hurley vuelve a sonreír. Aunque quizá esté más enfadada que sonriente porque, realmente, no es cosa de risa. 

Pero ser consciente de la situación te hace, como poco, menos ingenuo. Puede que incluso te haga más fuerte y seas capaz de unir tu voz a la lucha por la visibilidad. Y ahora Simon está aquí, y va a dar su salto al mainstream con adaptación cinematográfica incluida Un nuevo referente, encapsulado en el tiempo, eterno y capaz de aligerar el peso en los hombros de todo un colectivo. ¿Os imagináis? Salas de cine a rebosar de adolescentes que se ven reflejados en la gran pantalla. Ya no son un personaje secundario cliché. Ahora tienen voz.lovesimon

Así que aunque el planeta Tierra parezca la mayoría de las veces un sitio horrible y oscuro, también hay lugar para el optimismo. Las cosas están cambiando gracias a valientes como Kameron Hurley o Becky Albertalli. Porque, poco a poco, vamos dejando atrás un pasado en el que millones de personas no pudieron encontrarse reflejadas en la cultura popular. Y aunque todavía queda mucho por lo que luchar, no estamos solos. Y es bonito que nos lo recuerden de vez en cuando.

“They call for change. They call for revolution. They call for you, and everyone like you, everyone who always felt like they were out of place, like something was wrong, like the world was not built for them, to take a deeper look at what’s really broken (hint: it’s not you)”.
Kameron Hurley

Publicado en libros, opinión | Etiquetado , , , , , , | 3 comentarios

Sobre el estante de la cruda realidad

Lo que no me gusta de la sabiduría popular es que tiene un índice de fiabilidad bastante alto. Si pienso en expresiones como “el tiempo lo pone todo en su sitio” me enfado y pataleo como un crío que no consigue lo que quiere. ¿Por qué tienen que tener razón nuestros ancestros? ¿Por qué somos tan predecibles? Me imagino a un abuelo sentado junto a una chimenea, con una ristra de refranes y unas castañas, riéndose de la jovial ingenuidad. Jactándose de saber más por viejo que por diablo antes de que seas capaz de replicar un “pero eso a mí no va a pasarme”. Es bastante inquietante.

el estante de la cruda realidadPero lo que realmente me fastidia del  tiempo poniéndolo todo en su sitio es la distribución que elige: demasiadas cosas en el estante de la cruda realidad. Y yo, que querría vivir en un mundo de esperanza en el que brillantes hadas cruzasen el cielo en una incesante espiral de arco iris, mientras en el suelo cientos de personas bailan a la luz de la luna con hidromiel en las venas y fuego en el corazón, me encuentro de bruces en esta tierra no apta para ingenuos fans de los hermanos Grimm.

            Con el paso de los años empiezo a aprender que cuando el tiempo se dedica a redecorar los elementos de tu vida, lo peor que puedes hacer es quedarte paralizado pensando que te gustaría contratar a otro decorador.

Es frustrante vivir en un mundo en el que los lazos que unen a las personas y los sueños que imaginamos son vapuleados tan a menudo por las matemáticas, pero ¿cómo podría ser si no? 2+2 han sumado 4 durante muchísimo tiempo, y es algo tan cierto como la ley de gravitación universal; así que es de idiotas esperar un resultado diferente con los mismo sumandos u olvidar que no hay ascenso sin descenso. Y creo que es hora de reaccionar porque ¿qué sentido tiene quedarse clavado en un final que no ha sido ni será? Si la vida no te da el final que estabas esperando busca otro final, pero haz algo porque, sin duda, el final más triste de todos es marchitarse esperando algo que jamás va a moverse del estante de la cruda realidad.

Publicado en reflexiones, regreso al pasado | Etiquetado , , | 1 Comentario

Sobre “The Steel Remains” (Sólo el acero)

Tengo pendiente terminar el cuento del troll Sam y sus hijitos. Me falta ponerme a escribirlo y ver qué sale. El desenlace lo tengo claro en mi cabeza, lo que pasa que cuando estoy tecleando, mi mente se expande y es propensa a metamorfosear la idea original en algo distinto. Por eso, hoy que ando escaso de tiempo debido a tareas domésticas y al archienemigo de la productividad, también conocido como Netflix (estoy enganchadísimo a Fullmetal Alchemist) voy a dejar en suspensión a Sam y su prole.

Sin embargo, no quería dejar abandonado el bloC (porque este año me he propuesto hacerle caso), así que se me ha ocurrido escribir una reseña de alguna de mis últimas lecturas, y la afortunada ha sido:

The Steel Remains. Richard Morgan

Me lo compré en inglés en uno de mis impulsos consumistas. Y fue un impulso tan intenso que me pillé la trilogía completa, a pesar de que me chirriaba que los formatos fuesen distintos. Cuando los veo tan inconexos en la estantería me entra un poco de TOC. Pero bueno, lo hecho, hecho está.

Empecé a leer The Steels Remains y la verdad es que me estaba pareciendo una novela bien construida con un protagonista de lo más carismático. El problema vino cuando me di cuenta de que me pasaba más tiempo buscando en el diccionario que otra cosa. Cuando entiendo la idea principal de cada párrafo, a pesar de que alguna palabreja en inglés se me escape, puedo disfrutar de una lectura agradable. Pero no era el caso. ¿Quién es este Richard Morgan y por qué ha hecho descender mi autoestima inglesa a nivel A2? El caso es que tuve que tirar la toalla porque leer es un placer y cuando no te lo pasas bien, lo sufres o sientes que estás haciendo deberes para la EOI, lo mejor es dejarlo.DSC_0914

¡¡Aunque claro!! Había entendido lo suficiente para engancharme a la historia, así que lo tuve que buscar en español para poder continuar las aventuras de Ringil en mi lengua materna.  Y es que uno no se da cuenta de la maravillosa labor que desempeñan los traductores hasta que se topa con un tocho cargado de vocabulario y complejidad. Manuel de los Reyes es el traductor que ha hecho posible el milagro de acercar el mundo de Richard Morgan a mi vida lectora. ¡¡Gracias!!

Admito que tengo clavada la espinita de leer las siguientes entregas de A Land Fit For Heroes (The Cold Commands y The Dark Defiles) en inglés. Los dos tochos me miran, con su tamaño desigual y su palabrería, desafiándome desde la estantería. Sé que algún día tendré el nivel suficiente para devorarlos con placer, pero de momento, a entrenar con lecturas más asequibles para mis posibilidades cerebrales anglosajonas. Por suerte, la trilogía Tierra de Héroes se puede leer integra en español, pues los dos títulos que permanecían inéditos en nuestro país han sido publicados recientemente bajo el sello de Alamut. (El Gélido Mando y La impía Oscuridad)

Reseña de Sólo el acero de Richard Morgan

solo el aceroY bueno, que me estoy desviando de la reseña. ¿Veis como no miento cuando digo que mi cabeza divaga cuando tecleo?XD. Sólo el acero es un libro que gira en torno a tres personajes, con un pasado en común, cuyo punto de vista y recuerdos tejen el trasfondo de un mundo muy amplio. El conflicto bélico que los unió (la gran batalla de la Quebrada del Patíbulo contra los hombres lagarto) ha quedado sepultado  por los años y olvidado junto a los héroes que lucharon en él. ¿Pero quienes son esos héroes?

De los tres (Ringil, Archeth y Degan), Ringil es el que tiene más peso en la narración. Un protagonista que me ha caído bastante bien. No se anda con rodeos para manchar el filo de su espadón mágico Críacuervos con sangre, ni para estrellar su puño en cabezas enemigas, pero su personalidad está muy bien construida (se cimienta en flashbacks de un pasado que ha forjado su forma de ser y de actuar) y le he cogido cariño. Ringil es un niño rico, repudiado por su padre por ser homosexual, que ha madurado en  la batalla y vive, como pez fuera del agua, en un mundo que no lo necesita.

También tenemos a Archeth y a Degan. Cada uno con sus propia mochila de dolor, motivaciones y deseos. Los capítulos se reparten  entre estos tres héroes, por lo que seremos capaces de conocerlos a fondo. Richard Morgan consigue que te preocupes por la vida de la honorable Archeth en una ciudad corrupta hasta la médula o por las conspiraciones que atrapan a Degan (la película Pantera Negra me hizo acordarme de algún que otra desventura de este luchador nómada).

En resumen

Sólo el acero es una novela llena de acción, sexo, intriga, política, violencia y fantasía. Hacía tiempo que no leía nada tan fresco y, además, estoy encantado con que haya personajes del colectivo LGTB sin que provoquen la sensación de estar allí para llenar un cupo. La orientación sexual de Ringil o Archeth es simplemente una parte más del mosaico de su identidad. 

Sólo el acero me ha parecido una lectura muy disfrutable. Hacía tiempo que no leía algo que derrochase tanta imaginación. Me fascinan las criaturas que pululan por sus páginas y el equilibrio entre fantasía rolera y crueldad grimdark.

¿Se parece a algo que haya leído antes? Cada novela es una entidad en sí misma, pero si tuviera que compararla con algún otro libro, Sólo el acero estaría más cerca del exotismo de La espada rota de Poul Anderson (con sus criaturas ferales y magia desatada) que de la seriedad oscura de las novelas de G.R.R Martin.

Publicado en libros, opinión, Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

Sobre el cuento del troll Sam y sus hijitos (II)

El troll Sam y sus hijitos (Parte 2)

El encuentro entre Smaugtherin y Sam no dará para grandes momentos de la épica. Uno podría esperar frases inteligentes como “tienes buenos modales para ser un ladrón y un mentiroso” (no copyright infringement intended), pero Sam no era precisamente un experto en protocolo, su honradez era incuestionable y no sabía mentir (otra de las desventajas de no haber estudiado en la FPMYSF “Facultad de Protocolo, Modales y Sonrisa Falsa”). Por lo que pasaremos por esta parte de la historia de puntillas y nos centraremos en lo fundamental.

¿Y qué es lo fundamental?

  1. Sam pasó mucho miedo.
  2. Sam consiguió los fondos necesarios para su plan.
  3. Sam obtuvo unas condiciones nefastas. Básicamente debería devolverle a Smaugtherin el triple del valor del préstamo, así como un 50% de todas las ganancias obtenidas con su trabajo hasta el fin de los tiempos. Y si no lo hacía pronto y de forma eficiente, el prestamista se quedaría con todo lo que Sam poseía y el 50% pasaría al 100% en lo que dura una bocanada de fuego sobre un troll.

A Sam esta situación le daba vértigo e impotencia (igual que su nevera) pero cuando eres pobre, tienes seis hijitos troll que alimentar y todas tus esperanzas dependen de un dragón sin carencias de oro, horas de sueño ni carne a la brasa, ¿qué clase de trato favorable puedes conseguir? Dejémoslo en que la negociación duró menos que la paz y la armonía en Twitter y pasemos a desvelar (por fin) en qué consistía el plan de Sam.

El río del bosque partía por la mitad una gran cantidad de hectáreas  y el camino oficial daba un rodeo muy incómodo. Sin embargo al alcalde del bosque no se le había ocurrido destinar los fondos municipales a remediarlo porque las aldeas ricas estaban bien comunicadas. ¿A quién le importaba que los periféricos tuvieran que andar el doble para llegar a cualquier parte?

Todo esto podría solucionarse fácilmente. ¿Cómo? Con un puente. Que es justo lo que nuestro troll pretendía construir en el punto exacto donde calculaba que sería más transitado. Sam había estudiado albañilería y dicen que el hambre agudiza el ingenio, ¿no? Por lo que no existía, ni existirá, nadie más ingeniosamente capacitado para esa tarea. Con el material que compró gracias al préstamo de Smaugtherin se puso manos a la obra.

Primero arregló su cabaña destartalada y una vez lista, empezó, con ayuda de sus seis hijitos,  a dedicarle todo su tiempo y esfuerzo al puente. Os voy a pedir que os imaginéis el proceso porque este humilde narrador no sabe nada de Ingeniería de Caminos, por lo que, con vuestras disculpas, vamos a pasar directamente a ese día en el que el puente del Troll quedó terminado y listo para su explotación, uso y disfrute.

Sam y sus seis hijitos, muy juntitos unos de otros, miraban agotados y embobados su precioso puente. Más que agotados, estaban derrengados, y aún así se podría decir que hacía meses y meses que no se sentían tan felices. Sin embargo, cualquiera allí presente podía ver que Sam lloraba. Lloraba mucho. De hecho, lloraba el doble: de alegría, al ver su gran proyecto concluido, y de pena, por no poder compartirlo con su Soraya. Es curioso que se pueda estar eufórico y triste a la vez sin perder la coherencia; pero se puede y cualquiera con el corazón abollado por la ausencia puede entender las lágrimas de Sam. Nuestro troll había reflexionado más de una vez que con lo hecha añicos que estaba su alma, se podría abastecer un coleccionable semanal durante décadas.

Menos mal que suerte estaba a punto de cambiar. A Sebastian, Sara, Sonia, Sandra, Santiago y Susana no les iba a faltar de nada. Serían una familia próspera y bien avenida. Todo lo que habían soñado se haría realidad. Y…¡JA! hubiera dicho cualquier dios clarividente de estar escuchando el hilo mental de nuestro Sam. Ese”¡JA!” habría resonado a tantos decibelios que Sam no solo sería un troll equivocado, también sería un troll con los tímpanos reventados. Aunque para estar sordo hay que estar vivo y Sam, el troll debajo del puente, tenía las horas contadas.

Continuará…

Publicado en reto escritura, Reto Relatos | 1 Comentario

Sobre el cuento del troll Sam y sus hijitos

El troll Sam y sus hijitos (Parte 1)

Erase una vez un troll que vivía con su familia en una cabaña destartalada. Tenía seis hijitos troll que alimentar sin ayuda, pues su amada trolla había muerto de gripe el invierno pasado. Fue un inverno realmente frío y era una cabaña realmente destartalada.

El troll se llamaba Sam y los seis pequeños trolles, Sebastian, Sara, Sonia, Sandra, Santiago y Susana. Era una familia que se quería mucho, a pesar del hambre (provocado por la pobreza) y la tristeza (provocada por la perdida de su encantadora matriarca, Soraya).

A Sam le preocupaba mucho el bienestar de su familia; la primavera se estaba acabando, el otoño pronto estaría allí y, cuando quisieran darse cuenta, los habitantes del bosque estarían repitiendo entre risitas frikis: “se acerca el invierno” (no copyright infringement intended). Pero el invierno es agradable si viene acompañado por mantas, provisiones, chocolate caliente, calefacción y Netflix. Si vives en una caballa destartalada en la que el viento helado se cuela por las rendijas, los resfriados se cuelgan de tu nariz y la nieve te impide salir a buscar comida, eso de “se acerca el invierno” (no copyright infringement intended) te suena muy, muy mal.

Por suerte, Sam tenía una idea. Por desgracia, las ideas y los sueños solo se hacen realidad con el bolsillo lleno. Y aunque Sam tenía el corazón lleno (de amor por sus hijitos), el alma llena (de luto por su Soraya), la mente llena (de angustia por el futuro), su bolsillo, junto a su despensa, eran la nada absoluta solidificada y afilada, clavándose en su pantorrilla y en su estómago. Lo que nos lleva a presentar al siguiente personaje de este cuento.

En el bosque habitaba un dragón millonario, mezquino, petulante, ambicioso, cruel y de profesión prestamista. Supongo que la mezquindad es requisito obligatorio para acceder a la FPPR (Facultad de Prestamos y Piernas Rotas), pero sea como sea, el dragón Smaugtherin nunca salía perdiendo en sus tratos. Ni le temblaba la zarpa para reclamar lo que era suyo.

Smaugtherin vivía en una lujosa mansión con vistas al río y al pueblo humano (le gustaba tener vigilada la comida, ya fueran peces o rollizos bebés), y allí se encontraba nuestro troll Sam, dispuesto a conseguir los fondos necesarios para llevar a cabo su plan de salvamento familiar. Porque Sam era un troll sesudo y trabajador, al que la fortuna no había sonreído, y todos esos reveses le habían conducido ante la presencia del más grande prestamista del reino (literal y figuradamente hablando).

Continuará…

 

Publicado en reto escritura | Etiquetado , , , | Deja un comentario