La reina de la inmensa desdicha. Día 1.

Estaba tumbada en la cama escuchando una canción cuya melodía hacía pensar que dentro de aquel cuarto se estaba celebrando un entierro. Una imagen patética: el pelo alborotado, la ropa tirada en la silla y por el suelo, la persiana medio echada y la banda sonora de funeral. Otras veces había estado con el pelo alborotado y la ropa desperdigada por el cuarto, pero claro, los sonidos que se escuchaban en esas ocasiones no eran precisamente fúnebres.
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Se le ocurrió que estaría bien levantarse para inspeccionar el frigorífico, aunque en la última incursión no había descubierto nada apetecible; desde luego no helado de tarta de queso ni nada parecido. Podría salir a comprar pero era domingo y estaba todo cerrado, así que no iba a poder emular a Bridget Jones a pesar de tener un día emocionalmente muy Bridget. No había helado y emborracharse en el salón al grito de “All by myself” estaba totalmente descartado. ¿Qué habrían pensado sus padres?
Ella si que era desgraciada y no esa inglesa rubia con piso, trabajo y helado en el congelador. Dio otra vuelta sobre la cama y se puso a mirar el techo mientras la tarde de domingo se convertía poquito a poco en noche.
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Sobre uno mismo y los demás

Las personas que pasan por nuestra vida, y forman parte de ella, de algún modo marcan un boceto de lo qué somos. Dime con quien andas y te diré quien eres, ¿no?
Pero deberíamos ser nosotros los que dibujamos nuestro retrato personal, marcando los trazos que deseamos y no los que otros esperan; porque si vas por ahí intentando contentar a todo el mundo acabarás por diluir tu ser.

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Sobre “Pronto será de noche” de Jesús Cañadas

“Las tres muertes de Fermín Salvochea” fue mi primer libro de Jesús Cañadas. Y me gustó mucho porque consiguió lo que solo los buenos libros pueden conseguir: que te olvides de todo mientras los estás leyendo. Suelo leer un ratito antes de irme a dormir y, a veces, la atracción del móvil es poderosa. Pero no esa vez porque mi atención estaba completamente en la historia que había construido Jesús Cañadas. Y durante el día me descubría con ganas de volver allí, a esos minutos de desconexión que me brindaba ese escritor desconocido.

Me apetecía leer alguna otra cosa suya, para ver si había sido un flechazo pasajero o realmente Jesús Cañadas es tan bueno como “Las tres muertes de Fermín Salvochea”. Así que compré “Pronto será de noche”(editado por Valdemar), lo leí en un suspiro y ahora puedo confirmar oficialmente que me encanta como escribe este señor.

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En esta novela el autor nos va guiando en un viaje por carretera lento y asfixiante. El fin del mundo ha llegado y la gente huye en masa de las ciudades, colapsando las vías de circulación y provocando el atasco definitivo. Literalmente. Y en ese monumental atasco se desarrolla “Pronto será de noche”, pero Jesús Cañadas ha escogido para nosotros un conjuntos cerrado protagonizado por unas pocas personas que viajan en coche, autobús escolar y caravana. Y aunque existe la sensación de tragedia global y la certeza de que dirigiendo nuestros pasos unos cuantos vehículos delante o atrás viviríamos la desolación de otros, será con Alicia, Ruth, Tote, Inés, Abreu, Alfonso, Cándido, Samuel y un hippie misterioso con los que compartamos el FIN.

El libro es muy intimista, cosa que no me esperaba en una novela sobre la exterminación total de la vida en la Tierra. Pero lo relevante no es la situación a gran escala si no el desequilibro, la sed, el hambre y la locura que irán desintegrando, kilómetro a kilómetro, minuto a minuto, a cada uno de los protagonistas. Y eso lo leemos como si fuésemos nosotros mismos los que viajásemos dentro de esos coches, los que se ven obligados a detener el motor durante horas interminables y los que pasan miedo, calor, angustia y desamparo.prontoseradenoche2

No quiero contar mucho porque creo que cuanto menos se sepa de un libro antes de leerlo, más lo disfrutas. Este, por ejemplo, lo compré porque era de Jesús Cañadas y ni siquiera me fijé en la sinopsis. Solo sabía que era sobre el fin del mundo pero fue un fin del mundo con el que no contaba. Y me ha encantado e inquietado a partes iguales. Así que ya sabéis, si tenéis ganas de vivir una experiencia claustrofóbica y muy bien escrita, compradlo, ¡malditos!

Y me permitiré el lujo de adelantar un poquito con una comparación. Así que si queréis llegar vírgenes al apocalípsis dejad de leer ahora.  Realmente no es un spoiler como tal porque la sinopsis te cuenta más de lo que voy a decir ahora; pero si tuviera que compararlo con algo que haya leído previamente, creo que “Pronto será de noche” es el hijo perfecto entre “Los diez negritos” de Agatha Christie y “La carretera” de Cormac McCarthy.

En definitiva, ¡muy bien, Jesús Cañadas! Volveremos a vernos. Y es que entre Jose Antonio Cotrina, Jesús Cañadas y Gabriella Campbell le estoy cogiendo mucho cariño a la literatura de género escrita en español. Algún día caerá un Guillem López o una Mariana Enríquez . Pero buen, eso será otra historia y será contada en este mismo lugar.prontoseradenoche3

“Esto es lo que pasa cuando el mundo se acaba” Jesús Cañadas

 

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Sobre nosotros y los demás

Desde que nacemos vivimos, casi siempre, rodeados de otros y siempre por nosotros mismos. Las personas de nuestro entorno enriquecen y matizan nuestros gustos y, en cierto modo, nos ayudan (para bien o para mal) a convertirnos en la persona que somos.

Me gusta mucho la frase con la que Ana Frank concluye su famoso diario: “Siempre buscando la manera de ser, como de verdad me gustaría ser y como podría ser…si no hubiera otra gente en este mundo”. Me impactó porque la primera vez que la leí estaba en una fase en la que el qué dirán me estaba asfixiando por dentro y me sentí identificado; pensé: “¡Cómo te comprendo, Ana!” (he ahí el poder terapéutico de la literatura). Y es que en menor o mayor medida esa “otra gente en este mundo” nos condiciona.

El otro día escuché un podcast de la psicóloga Heidi Grant Halvorson en el que explicaba la naturaleza de los objetivos que nos fijamos y los dividía en dos categorías:

  1. Objetivos con lo que buscamos mejorar (getting better)
  2. Objetivos con los que buscamos demostrar lo que valemos (being good)

Los de la primera categoría están influenciados por nuestra opinión sobre nosotros mismos y nuestros gustos personales (motivación intrínseca). Y los de la segunda lo están por la opinión de los demás (motivación extrínseca). En la facultad di algunas clases de modificación de conducta y solían decirnos que la clave para conseguir que un nuevo hábito arraigará era conseguir que la persona lo hiciera desde la motivación intrínseca. Es más fácil querer hacer algo porque lo disfrutas que porque otros te lo imponen.

Vivimos en sociedad y no se pueden obviar las expectativas ajenas. Por ejemplo, que se espere de ti que llegues puntual al curro y hagas tu trabajo de forma eficiente. O que los padres recojan a sus hijos del colegio y esperen su turno para meterse en  una rotonda con el coche. En fin, cosas básicas para que la civilización no se desmorone. Pero para estar a gusto en nuestra piel es básico buscar nuestra dosis de motivación intrínseca. ¿Cuál es la vuestra? 

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Photo by Peter Conlan on Unsplash

En fin, espero que encontréis tiempo para hacer lo que realmente os llena y que lo hagáis aunque a nadie le importe; que os de igual lo que piense la gente.  A la mierda los likes, los retweets, los comentarios, las miradas, los cumplidos y todo lo que no seas tú disfrutando del viaje. Y esto es aplicable a música, libros, aficiones, estilo de vestir y mil cosas más. Aprender a ser feliz con los demás pero sin olvidar que antes hay que ser feliz con uno mismo.

 

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Sobre “La primera ley” de Joe Abercrombie.

Septiembre ha llegado y vuelve la actividad al bloC. ¿Vuelve? ¿Con actualización semanal y constancia temporal? No lo sé. Tampoco quiero emocionarme que luego la vida te va dando trajín y 24 horas no cunden tanto como pudiera parecer. De todos modos, como dijo Julia Roberts en “Pretty Woman”: “Bueno, pero ahora estoy aquí”.

He leído muchos libros que no he reseñado y me da pereza ponerme a ello (porque son unos cuantos). Quizá haga una entrada con reseñas relámpago para hablar un poquito de lo que me ha gustado y lo que no, pero el lunes terminé la trilogía “La primera ley” de Joe Abercrombie y ¡OH, DIOS MÍO! tenía que reseñarla porque si existiera una primera ley lectora  para los amantes de la literatura fantástica debería ser “No llores esperando a Martin y Rothfuss porque Abercrombie te espera con los brazacos abiertos y una cantidad indecente de cuchillos. ¡Lee a Abercrombie”.

Tampoco voy a venir ahora de experto en Abercrombismo porque tiene varios libros y yo solo me he leído los tres que conforman la trilogía “La primera ley”: “La voz de las espadas”, “Antes de que los cuelguen” y “El último argumento de los reyes” (todos publicados en Alianza editorial con traducción de Borja García Bercero) pero me han gustado taaaaaaaaaaaaaaanto que me he enamorado y estoy encantado de poner mi granito de arena en difundir su oscura palabra.

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Imagen de www.joeabercrombie.com

¡Leedlo! ¡Leedlo! ¡Leedlo!

¿Por qué debes leer a Joe Abercrombie?

  • Las escenas de acción están tan bien contadas que parecen parte de una película en la que el director sabe cómo montar coreografías de combate espectaculares. Si la primera temporada de “Daredevil” en Netflix o “John Wick” fuesen un libro, lo habría escrito Joe Abercrombie.
  • Tiene cierto encanto Tolkiendil pero de una manera retorcida y con personalidad propia. No puedo adorar más “El señor de los anillos” y Abercrombie plantea algunas situaciones con aroma a Tolkien (al menos las gafas 3Dtierramedia que siempro llevo puestas me han hecho ver algún atisbo) pero dotadas de una vida independiente y salvaje a la obra del Maestro. Por ejemplo, si Abercrombie hubiera dirigido el asedio a Minas Tirith hubiera sido mejor para todo hijo de Gondor salir por patas de allí. ¡No hay piedad para humanos ni edificios!
  • El punto anterior tiene que ver con lo que se conoce como estilo “Grimdark” ¿vale fantasía oscura para describirlo en español? Los personajes están sujetos a las leyes del realismo cínico y pesimista en el que si algo puede salir mal, probablemente saldrá peor.
  • Se hace uno una idea muy clara de la compleja gama de grises que dan forma a los protagonistas. Con los personajes secundarios me he perdido un poco porque algunos no me importaban, pero…¡Ay, los protagonistas! Glokta, Logen, Jezal, Bayaz, el Sabueso, etc, son auténticos cabronazos a los que se les pilla a veces cariño, a veces asco y siempre ganas de saber cómo terminarán sus andanzas. Se equivocan, se caen, se levantan y no son infalibles. La luz y las sombras que tenemos todos, lo bueno y lo malo de la naturaleza humana.
  • Buen ritmo, golpes de humor e interés por avanzar en la trama. Vamos, que engancha. Me acosté a las dos de la mañana en un día laboral porque no podía parar de leer. Un capítulo más y me acuesto.

Y bueno, hasta ahí mi oda a Joe Abercrombie. Estoy deseando leer el resto de sus libros (“La mejor venganza”, “Los héroes”, “Tierras rojas”, “Filos mortales” y la futura nueva trilogía) y cuando lo haga comentaré mis impresiones en este bloC actualizadísimo y repleto de entradas variadas. O puede que no, al fin y al cabo hay que ser realista;P 

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“¿Cuándo, exactamente, me convertí en…esto? Poco a poco, supongo. Las acciones se suceden una tras otra y van trazando un camino que no tenemos más remedio que recorrer porque siempre encontramos alguna razón para seguir adelante. Hacemos lo que hay que hacer, lo que nos mandan, lo que nos resulta más fácil. ¿Qué otra cosa podemos hacer sino ir resolviendo uno por uno nuestros sórdidos problemas? Y llega un día en que, al levantar la vista, descubrimos que somos…esto”.
“El último argumento de los reyes”. Joe Abercrombie.

 

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El 2018 se hace mayor

Van pasando los meses en un visto y no visto. Te tomas las uvas, pestañeas, febrero, lluvia, llega la primavera, lluvia, el verano a la vuelta de la esquina, lluvia. ¿Por qué este año no hay verano? ¡Calor! ¿Por qué no vivimos en Noruega? Y así hasta que tomas conciencia de que ya hemos cruzado el ecuador del 2018 y eso implica dos noticias; como siempre una buena y otra mala.

  1. La buena: sigues vivo.
  2. La mala: ¿qué ha pasado con tus objetivos de año nuevo?

Y puede que a alguna gente le parezca absurda la típica lista de buenos deseos, pero no sé, aunque se ha convertido en un cliché del mes de enero eso de dejar de fumar, aprender inglés y hacer dieta, es esperanzadora la idea de progresar. Mola tener objetivos porque le dan a la vida un sentido de propósito. Es bonito pensar que somos algo más que afortunados trabajadores. Podemos tener algún sueño que otro y ¿por qué no? hasta intentar cumplirlos. Pero la verdad es que todo se vuelve muy difuso con el paso del tiempo. Como si ya no supieras de qué va la película de tu vida y te conformarás con tres cosas:

  1. Que no sea cancelada
  2. Que el presupuesto te de para pagar el atrezo
  3. Que no se vuelva un drama
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Photo by Lukas Blazek on Unsplash

Pero no,no,no. Estamos a julio, el año se pasa y yo me pregunto: ¿habéis cambiado algo de lo que no os gustaba en vuestra vida mientras os comíais las 12 uvas? Si la respuesta es no, ¡no pasa nada! Vamos a pensar que todavía estamos a tiempo de conseguir el Óscar en alguna de las categorías.

Os cuento cosillas que tengo en la mente como una nebulosa de posibilidad. Estos son lgunos de mis propósitos para julio nuevo.

  • Apuntarme (y terminar) algún MOOC de Coursera, Edx, Google Actívate o similar.
  • Inglés. Siempre con el inglés hasta que sea capaz de leer de forma fluida libros de fantasía épica. Richard Morgan, ¡no podrás conmigo!
  • Vida sana. Aquí os puedo contar una curiosidad-logro de este 2018: he conseguido desengancharme de los refrescos y la verdad es que no los echo de menos.
  • Escribir. Me gustaría escribir más a menudo en el blog y que no sean cosas rescatadas de mi yo de antaño, pues no dejo de ser yo, pero a la vez no soy el mismo. Así que seguiré recopilando por aquí escritos de mi yo-pasado pero sería interesante aportar algo nuevo de mi yo-presente. Por ejemplo, el pobre troll Sam lleva en pausa tanto tiempo que seguro que hasta ha rehecho su vida. Tengo que hacer mi entrada triunfal y arruinársela otra vez.
  • Relacionado con el tema anterior, un poquito de refresque ortográfico/gramatical me vendría bien porque a veces siento que pongo los signos de puntuación de forma aleatoria, como quien decora una tarta.

Y bueno, eso es todo. La entrada de hoy debería haber empezado con un “Querido diario”,jaja. ¿Vosotros que objetivos de julio nuevo tenéis en la chistera? Sean los que sean, espero que salgáis victoriosos.

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Sobre desconocidos que dejan huella

Todos tenemos problemas y todos hemos sentido un momento de desahogo de los mismos, una desconexión momentánea o un instante de comprensión. En ese tiempo sentimos que las cosas no son tan graves, o puede que tan solo las olvidemos, o quizá las compartamos y eso haga que el peso se reparta y nos libere de parte de nuestra carga. Sea como sea, yo lo he sentido y estoy seguro de que vosotros también. Me gustaría escribir sobre eso.

            Vivimos en una época complicada. Tras unos años de relativa comodidad las cosas empiezan a ponerse turbulentas. No estoy seguro de si el motivo es un cambio de época a nivel mundial o simplemente que la vida se vuelve más complicada una vez que se te acaba la excusa de la primera juventud y comienzas a abrir los ojos, a ver el mundo tal como es, tal como nos lo presentan en los medios de comunicación y tal como necesitamos que sea según nuestros intereses: estabilidad económica y encontrar un lugar que nos pertenezca.

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Photo by Jeremy Perkins on Unsplash

El caso es que hay una palabra que nos persigue allá donde vayamos. No es otra que “crisis”. La crisis está en todos lados. La gente pierde su trabajo, se queda sin hogar, la inmigración se dispara a la par que la insatisfacción. Los bolsillos están vacíos y eso tiene repercusiones. Es triste ver en muchos rostros la desesperanza que viene de la mano de la falta de recursos. Hay todo tipo de problemas, desde los más graves como el hambre, el no saber si se llegará a fin de mes y la sensación de estancamiento; y otros que repercuten de forma sesgada, que merman el sentido del humor de ciertos sectores de la sociedad. ¿Quién se resigna a apretarse el cinturón cuando llevamos mucho tiempo acostumbrados a la terapia de la venta al por menor?

            La crisis es el marco de nuestra experiencia actual, lo que no significa que antes de ella todo fuera maravilloso e impoluto. El dolor es algo que ha acompañado al ser humano desde que el mundo es mundo, forma parte de nuestra naturaleza y si hay un sentimiento del que podemos hablar largo y tendido las personas, ese es el dolor. Sin embargo, estamos llenos de matices y nos adaptamos, nos superamos y buscamos desesperadamente el equilibrio. Conocemos el sufrimiento pero también conocemos la alegría. Padecemos la soledad pero también gozamos de la compañía. Hay pena, desolación, frustración, agonía, aislamiento y desesperación, pero también existe lo opuesto a todos ellos. Y a lo largo de las generaciones que han poblado la tierra estos sentimientos han encontrado su representación. Se manifiestan a través de nuestras manos cuando creamos arte. Los volvemos inmortales e imperecederos y se quedan pendiendo en el aire, a la espera de ser utilizados.

            ¿Nunca has escuchado una canción y sentido que parece escrita para ti? En algún momento de la historia alguien sintió lo mismo que tú sientes ahora y esos sentimientos encapsulados en el espacio y en el tiempo vuelven a ti y consiguen anestesiarte. Pondrás la canción una y otra vez y aunque estés solo en tu habitación, te sentirás acompañado, pues tu dolor no es ya un ente solitario. La idea de que sufrieron lo mismo y tuvieron la fortaleza para componer una canción significa que lo superaron, al menos lo suficiente para poder escribir sobre ello. Y ese es un pensamiento cargado de esperanza.big fish

Otra forma de crear lazos de desconexión es el cine. Hay una película de Tim Burton, Big Fish, que me fascina porque toca un montón de asuntos que entusiasman, como los flechazos y el amor verdadero y duradero, y otros que asustan o entristecen como la muerte, el paso del tiempo y el recuerdo que dejamos y que dejan los que ya no están. Este tema siempre está de actualidad. El terrorismo, los accidentes de tráfico y los desastres naturales acaban con la vida de muchas personas. Gente que va a trabajar por la mañana y que ya nunca volverá a estar con sus familias, ni sus amigos, ni a conocer a nadie nuevo mientras toman un café despreocupados. Es algo sobre lo que nunca piensas, nunca te paras a pensar que sales un día de tu casa y ya no vuelves. Se hacen tantos planes para el futuro y tenemos tantas ilusiones y esperanzas puestas en el mañana que no sé nos puede ocurrir que todo se acabará al montarnos en un coche. La vida sigue para los que se quedan, el dolor de las familias debería mitigarse con el tiempo, porque el mundo gira tan rápido que nadie se puede permitir el lujo de detenerse y llorar. Al menos no eternamente. Y para los que vemos las noticias todo queda en un recuerdo, recuerdo triste pero lejano porque la vida sigue. Tal vez mañana sea nuestro turno o sigamos durante muchos años con esa sensación permanente de mortalidad. El cine, la literatura, la pintura y todas las creaciones del hombre están impregnadas del miedo a la muerte. Ellas lo comparten con nosotros. El arte establece su vínculo una vez más

            Cuando nos sentimos perdidos siempre podemos recurrir al arte como una vía de escape. Podemos cruzar el puente que nos une a la realidad que hay detrás de la realidad. Cerrando los ojos y viendo crecer unas alas en nuestra espalda. Durante un periodo fugaz podemos volar, podemos parar el tiempo, cerrar las heridas, olvidar. Una amnesia que nos ayuda a descongestionarnos. El caos, la incertidumbre y el humo negro del tráfico tiran de la cuerda: nos estiran al máximo. Podríamos llegar a rompernos de forma irreversible, pero no lo hacemos porque somos capaces de detener todo aquello que nos sofoca. Hacemos un paréntesis que se convierte en nuestro refugio. Sentimos que todo va bien o simplemente dejamos de sentir. La cuerda se destensa lo suficiente para no quebrarse.

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Photo by Jessica Fadel on Unsplash

Vivir es una actitud y en cualquier situación en la que perdemos las ganas de mantenerla, hay algo que nos ayuda a escapar. Una catarsis momentánea. Estamos unidos a una red y en ella tejemos nuestra huella, la compartimos con los demás. Ya sea dibujando, escribiendo, editando un video o cualquier otra manifestación artística. Todo forma parte de un sentimiento al alcance de todos. Una tabla de salvación cuando estamos con el agua al cuello. Un paraguas que nos resguarda de la lluvia

Los libros que leemos, las películas que vemos en el cine, los conciertos a los que asistimos, los museos que visitamos, incluso los videos que buscamos en youtube, todos, al igual que los amigos que nos rodean, nos influyen sin que apenas podamos darnos cuenta. Estamos hechos de un montón de impresiones que impactaron en nosotros en algún momento, y cada expresión que mostramos ha sido precedida por una impresión anterior, que ha germinado en nuestro inconsciente y ha crecido con libertad propia, salvaje, creando algo totalmente nuevo pero a la vez influenciado por alguna idea del gigantesco archivo común que es la cultura. Todos compartimos un mismo aire y, de esa manera, la mayoría de las veces, no somos tan distantes ni ajenos como creemos. Ni siquiera dos personas enfrentadas por ideologías opuestas, que creen odiarse y se jactan de ser de mundos diferentes, pueden realmente presumir de ello con certeza. Si dejasen a un lado el odio opaco podrían ver una inmensa sucesión de hilos transparentes pero tangibles, unidos a ellos, interconectando cada fibra de su ser. Un inconmensurable océano de palabras, secuencias, estribillos, pinturas y clicks de ratón que nos convierten, aunque nos neguemos a ello, en compañeros de viaje.

No es difícil conseguir ver realmente a una persona, si miramos adecuadamente. Podemos conocernos sin tenernos delante. Hay un lugar en el que nos desnudamos sin ser conscientes de ello. Y lo hacemos porque pensamos que nadie mira o quizá porque no podríamos no hacerlo a pesar de todos nuestros esfuerzos. Nos resultaría casi imposible, pues sería ocultarnos de nosotros mismos. Ese lugar del que hablo se haya en las libretas que llenamos de letras y frases, en las fotografías que nos gusta hacer, en las notas musicales que nacen de nosotros y, en definitiva, en todas nuestras formas de expresión artística, que encierran inevitablemente pedacitos de nuestra alma.

Lo que intento transmitir es la existencia del arte como el más efectivo canal de comunicación. A través de él somos capaces de ver, escuchar, leer y sentir, pero también, y ahí radica su poder, podemos hacer sentir a otras personas. Cuando lanzas tu mensaje al viento, tarde o temprano, aparecerá en el camino de alguien que, aunque no conozcas, lo estaba necesitando. Es reconfortante pensar en la interacción que se produce.Pensar en como un desconocido puede llegar a salvarnos.

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Photo by Everton Vila on Unsplash

            Una imagen que entra por nuestras retinas en un instante preciso crea una avalancha de emociones que nos puede ayudar a quitarnos la venda de la negatividad, a ver color donde solo veíamos oscuridad, a esbozar una sonrisa en un rostro que estaba impávido.

Una melodía nos hace vibrar y acabamos disolviendo el agobio y el agotamiento mediante el sudor que proviene de nuestro baile. Un baile. Una canción. El tiempo que discurre por otros cauces más limpios, menos saturados de facturas y plazos de hipotecas.

            Somos perseguidos por cientos de malos presagios. Nuestra cabeza a veces cambia los pájaros por los cuervos. Nos picotean a conciencia. Su revoloteo acapara el sonido y todo pierde su brillo, envuelto con un plumaje negro. Pero cualquier pesadumbre tiene un punto débil y estoy seguro de que si buscas en el cajón de arte adecuado, lo encontrarás

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Sobre personas y pálpitos

No se puede ver el alma de una persona

No se puede leer en su corazón

No se puede descifrar el significado de sus silencios

Cierto Principito dijo una vez que lo esencial es invisible a los ojos, y esto es cierto para lo bueno y para lo malo de la naturaleza humana.

¿Qué sientes?

 

Acalla la voz de la razón, esquiva la lógica; despójate de pensamientos y escucha atentamente tu instinto primario. ¿Un hormigueo en el estómago? ¿Un escalofrío?

Es muy frecuente desear en los finales retroceder al principio y hacer (o deshacer) guiándote por lo que, sin poder explicar cómo, sabías.

La intuición siempre tiene un “te lo dije” preparado.

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Sobre cafés y pisos en el centro

Hubo un tiempo en que escribía fragmentos de historias que iban surgiendo en mi cabeza. Historias inconexas e inconclusas. Para muestra un botón. O un café.

Sentada tomando café, removiendo el azúcar con la cucharilla. Su acompañante parloteaba y ella asentía con la cabeza. No le prestaba atención, pero llevaba muchos años viviendo en sociedad para saber que a la gente no le gusta que parezca que no te interesa lo que dicen.
-Me encanta la casa que me compré.
Ajam
-Es espaciosa, con 3 dormitorios, cocina, 2 cuartos de baño, salón…
Ajam
– La hipoteca me sale por un pico, pero quiero tener algo mío. Cuando termine de pagarla tendré 89 años y demencia senil, pero, ¡qué diablos!
Ajam

Seguía dándole vueltas a la cuchara, de hecho, le había dado tantas, que más que disolver azúcar parecía que pretendía crear su propia versión del Triángulo de las Bermudas. Con un poco de suerte un avión se precipitaría encima de la taza; aunque sospechaba que él sería capaz de enumerar las ventajas de vivir en el centro incluso si una mole en llamas hiciera acto de presencia.

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Photo by Mikesh Kaos on Unsplash

 

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Sobre viajes en el tiempo

Los viajes en el tiempo han sido y son uno de los grandes sueños del ser humano. Por desgracia, nadie ha conseguido todavía construir una maquina para ello, al menos no una que funcione.

A pesar de la falta de tecnología, sí que se puede viajar a otras épocas. ¿Cómo? A través de la memoria y el recuerdo.

  • Ventajas: es gratis y no contamina.
  • Inconvenientes: solo se puede viajar al pasado y con un rasgo espacio-tiempo limitado a nuestra propia experiencia vital. Asimismo, su carácter subjetivo puede distorsionar la exactitud del momento vivido (todo parecido con la realidad es pura coincidencia).

Se observan otros pequeños problemas, ya que al activarse de forma automática ante ciertos estímulos (lugares, olores, imágenes, sonidos, personas, etc) se convierte en un viaje peligroso, incontrolable y de consecuencias impredecibles. En el peor de los casos el sujeto implicado en este tipo de vivencia puede encontrarse asaltado por un dolor intenso en una herida que creía cerrada hace mucho.

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